Domingo XII tiempo ordinario

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Patricio Ruiz Barbancho.
Queridos todos:

Celebremos el duodécimo domingo del tiempo ordinario  y el Señor nos llama al testimonio y la confianza en sus promesas.

No en todos los que nos rodean confiamos, podemos ser cordiales con todos y hermanos de todos, pero amigos, de unos pocos. Así es la esencia natural del ser humano, que se duele cuando es traicionado por aquella persona en la que hemos puesto muchas expectativas o que debía guardarnos especial fidelidad. Así lo expresa la primera lectura de Isaías, donde el “Siervo de Yavhé”, del que ya hemos hablado en ocasiones anteriores se lamenta de la traición de los suyos. No es otro que Cristo sufriente, que ve cómo aquellos que deben amarlo, le apalean, traicionan y abandonan.

A qué grupo queremos unirnos? Al de los traidores, cobardes y prófugos? O al de los que, a pesar de las incomprensiones de tantos, criticas y hasta persecuciones políticas, nos quedamos al lado del Único del que podemos fiarnos cien por cien: Jesucristo? No hay escapatoria; hay que definirse.

Así en el evangelio de hoy escuchamos al Señor decirnos:” por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo me declararé por él delante de mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos”. Es de justicia, verdad? Aquel que se esfuerza, aún quedando mal delante de su familia, colegas o desconocidos por declarar su fe en Cristo y su Iglesia, no será declarado igual por el Protagonista de la historia, como aquellos que cuando sale el tema de la Misa, Iglesia, Confesión, Limosna, se escudan, excusan, escaquean, esconden detrás de argumentos que pretenden agradar el oído de los que no quieren a Dios.

Amigo, hermano, creyente. Defínete. Sé coherente y recibe lo que merezcas por el grado de implicación en “poner la cara para que te la partan”, o en “huir con el rabo entre las patas”.

Ayer, en pleno bar, rodeados de gente, un grupo de jóvenes con el que desayunaba, al llegar las 12 del mediodía, con toda naturalidad, pararon su alimento, para rezar todos juntos y en público, el Ángelus. Quien los vio? Los camareros. Pero quien los entendió y recompensará? Dios Todopoderoso. Solo lo entenderán los creyentes. Anímense muchos a serlo y entenderán lo que sólo Dios ve y muchos no comprenden.

Feliz Domingo de Nuestro Señor.!!!!!

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