Sagrado Corazón de Jesús

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Hermanos y amigos todos: 

 
Celebramos en este viernes, después del Corpus, esta tercera solemnidad del tiempo Ordinario, de las que hablábamos hace dos domingos: el Sagrado Corazon de Jesús. 
 
Una Solemnidad, que para muchos pasa desapercibida o indiferente, porque la consideran una ñoñez sin sentido, algo del pasado remoto y celebrado sólo por las personas mayores que van quedando en nuestras parroquias y pueblos. 
 
Nos resulta “rancio” el amor de un buen amigo, de una novia, de unos padres, de un abuelo? Seguro que no, verdad? Sino que es algo maravilloso, necesario, que nos da vida, alegría y ganas de vivir y pelear. Entonces, que hemos hecho de la devoción al Amor De Dios? Quizá en esto, los cristianos hemos tenido gran parte de culpa, presentando un Dios anticuado, lejano, que no ama, que no siente o que es algo simplemente abstracto, una simple idea o ideología cualquiera; voy más allá, una mitología que no tiene incidencia en mi día a día. Las imágenes del Corazón de Jesús se nos han presentado, como un muñeco, sin virilidad, totalmente desfigurado e irreal. Y perdóneme Dios por esta afirmación. 
 
“Dios es amor”, como afirma san Juan en su Evangelio. Pero no un amor “atontado”, como el de dos quinceañeros (pido perdón, de nuevo), sino muy serio. Tan serio, que se hizo hombre en el seno de una mujer, para enseñarnos el Amor más verdadero, dando su vida en una Cruz, pareciendo un malhechor, cuando es el Señor del Cielo y de la tierra; el Juez de vivos y muertos. 
 
Su Corazón, que es donde asignamos el don del amor, dejó de latir durante los tres días de la sepultura, para volver a la vida y no morir nunca jamás. Por lo tanto, el Amor de Dios es el más real que podemos experimentar y no sólo los primeros cristianos, sino nosotros, los del S. XXI y los que vengan después hasta el final de los tiempos, porque “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre”. 
 
“Dios es fiel, que mantiene su alianza y su favor, con los que aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones”, nos afirma la primera lectura de hoy. De la misma manera, Cristo en el Evangelio de hoy nos afirma: “venid a mí, los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré….,aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrareis vuestro descanso”. 
 
Aquí hubiera terminado hoy mi homilía, si ayer, vísperas del Corazón de Jesús, no hubiera sucedido una “intervención de emergencia” de este Corazón, que actúa mil veces en cada uno de nosotros, pero es bueno que veamos su Mano Poderosa en otros, para darnos cuenta, que quiere a los que le quieren. 
 
Ese joven amigo, que veis de rodillas, se llama Pablo, es nieto, hijo, hermano, novio, amigo, trabajador del campo, Adoremus, catequista, asiduo a Misa y un día, se enamoró del que ya le amaba desde el principio de la Creación: el Corazón de Cristo. Ayer, su tractor, pudo ser su sepultura en un accidente laboral, pero una Mano, lo sacó ileso, mientras la máquina se volcaba sobre sí misma. Pablo se consagró el año pasado al Corazón de Jesús, de lo cual es testigo la foto que os envío sin su permiso. Casualidad? No!!! Diosidad!!!!! Repito, ayer, víspera del Corazón de Cristo, el Señor, tuvo un nuevo acto de amor con todos aquellos que queremos a Pablo. Hoy, ileso, da gracias al que ya amaba, para seguirle amando el resto de su vida. 
 
Hoy, él y todos los que nos hemos encontrado con Cristo Bueno de cara y nos hemos consagrado a Él, lo alabamos diciendo: “Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío”. 

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