Domingo de la Ascension del Señor


Patricio Ruiz Barbancho.

Queridos hermanos;

Hemos estado meditando y orando con los pasajes de la Resurrección y apariciones del Señor a sus discípulos estos últimos 40 días, pero ha llegado el momento de “volver a Casa”, con el Padre y el Espíritu Santo que nos lo enviaron para vida y salvación nuestra.

Parece una despedida, verdad? Pero no. Aunque el alma de los que lo contemplaron sintiera ese desgarro de la separación, ya el Señor los había preparado para este momento. “Yo, me voy al Padre” y “de la misma manera que lo habéis visto marcharse, volverá”, como reza la Primera Lectura de este Domingo Solemnísimo.

Como va a dejarnos solos, el que tanto ha dado por cada uno? Como va a marcharse sin dejarnos fortaleza y valor para seguir la tarea que El mismo emprendió? Sí, ahora es el tiempo de la espera en la promesa del envío del Espíritu Santo, para una misión que no terminará hasta el final de los tiempos.

“No os alejéis de Jerusalén,…dentro de pocos días, vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo”, nos relata Lucas en la primera lectura. Cristo se va, para enviar la Tercera Persona de la Santísima Trinidad y que los católicos, pecadores, pobres, limitados, sin grandes alardes, podamos vivir el Evangelio completo, no a trozos. Cuando decimos “no puedo”, estamos despreciando que dentro de nosotros habita Dios. Por ello, cuando el cristianismo se vive obedeciendo, da unos frutos espectaculares. Porque siendo nosotros malos, podremos hacer maravillas en el nombre del Señor.

Cristo es la cabeza y nosotros, la Iglesia, sus miembros. Por eso, El que se va al cielo, nos está diciendo que detrás iremos nosotros a su encuentro, porque un cuerpo no puede subsistir si le falta la cabeza. La Iglesia sin Cristo, es un cuerpo muerto. Por eso, mucha gente que vive sin Dios, no sabe de dónde viene, no sabe lo que hay detrás de la muerte, no espera más felicidad que las migajas de alegría que podemos tener en esta vida. Y eso, da una tristeza, que se carga al más pintado.

En el Evangelio dice el Señor; “Yo estaré con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo”. Pues ya está; la Victoria está asegurada si nos fiamos plenamente del que tiene la fuerza para hacer esto posible. Crees que no puedes con tu cruz? Con la situación que te ha tocado vivir? Con la incomprensión de los demás? Nunca. Eso no cabe en el vocabulario cristiano. Deberíamos decir, más bien “en tu Nombre, me meto en la refriega”.

Se va el Señor y vuelve con algo que no traía del Cielo: un cuerpo humano que tomó del vientre de su Bendita Madre. Un cuerpo que ha llegado a su plenitud, como nosotros llegaremos el día de la resurrección de los muertos. Por eso, después de esta vida no hay “algo”, sino Alguien, como canta el grupo católico, Siempre Así en su canción “Alguien”.

El Señor en el Evangelio le dice a sus apóstoles:”Id y bautizad”. Podrían haber puesto excusas humanas, muy razonables todas. Al mundo entero Señor? No es mucho para 12 solamente? Id!!! Y fueron. Y el Evangelio ha llegado hasta aquellos que todos desprecian: enfermos, encarcelados, marginados, pobres, ricos, agricultores, emperadores, etc…

Eso mismo nos repite hoy a cada uno: no vamos a salvar a todos, pero sí a los que tenemos al lado. Te pide noviazgo limpio de corazón? Dile que sí; matrimonio para siempre? Sí!!! Sacerdote de su Corazón? Sí, Señor, consagración en la vida consagrada? Claro!!! No vamos por nuestra cuenta, sino siguiendo sus Palabras de Vida y confiando en su fuerza, no en la nuestra, porque se queda para siempre en el Sagrario y en la Eucaristía.

Os dejo como final de esta reflexión un himno, que se reza en laudes y que a mí me llena, consuela, me une a Él, me da la garantía de que puede llevar a buen término la obra buena que comenzó en mí, hace mucho tiempo. 

Feliz Domingo de la Ascension de Nuestro Buen Dios!!!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here