Domingo IV de Pascua


Queridos hermanos y amigos:

Con inmensa alegría, vivimos este cuarto Domingo de la Pascua, en el que celebramos al Pastor y Guardián de nuestras vidas, en esta solemnidad del Domingo. Domingo del Buen Pastor, en el que ponemos toda nuestra confianza en que su Corazón no se olvida de ninguno de nosotros, su rebaño, la Iglesia, los que fuimos hechos sus hijos el día en que fuimos bautizados en su Nombre.

Así representaban los primeros cristianos a Jesucristo, preferentemente, con la imagen de un joven Pastor, que carga sobre sus hombros a su oveja. Y es que, Nuestro Señor, nos ha cargado muchas veces sobre sí; momentos de sufrimiento, enfermedad, soledad, sinsabores, tristeza, etc.

Si nos dejamos apacentar por este Pastor Vivo, tendremos pastos abundantes y agua limpia, para sustentarnos diariamente, porque nos da de ese manero “que salta hasta la Vida Eterna”.

Hace unos días, veíamos a un octogenario sacerdote, con la mascarilla de oxígeno, agonizando por esta pandemia que, sonriendo por última vez, nos decía:”rezad el Rosario, todos los días”. Impactante, verdad? Toda su vida entregada a Dios y su testamento es animarnos al rezo diario de una oración, que es la única que la Virgen ha pedido en sus apariciones a lo largo de la historia: Fatima, Lourdes, Guadalupe y más.

Y es que, no todo está en hacer, sino en “Ser”; sacerdotes, matrimonios, consagradas, niños, jóvenes o viudos. Serlo cada día de nuestra vida, independientemente de las circunstancias que nos rodean. A ello nos anima el que es Puerta y Redil, Pastor y Señor de la vida y una vida auténtica, porque sigue después de la muerte.

En estos días de confinamiento, he pasado largos ratos contemplando la Rivera del Guadalquivir, que veo por mi ventanal. Esa naturaleza, ha seguido su curso natural, ajena a esta pandemia; caducos y perennes, al ritmo que Dios los programó, pájaros de muchas especies, cantando y haciendo sus nidos, sin miedo a nada, porque todos tienen algo común: no les falta el agua, que beben diariamente del río y el espectáculo es maravilloso, porque Dios lo ha hecho todo bien.

Así nosotros, teniendo el agua de la Fe, la oración diaria, la confesión frecuente, la Santa Misa celebrada sin rutina, la confianza en el Corazón de Cristo, nos hará tener”Vida y Vida en abundancia”, que es lo que han venido a traernos la Cruz Gloriosa que en estos días, vestimos con flores, porque está vacía y el que colgaba de ella, ha resucitado y nos espera en el Sagrario y en el Cielo.

Seamos como la naturaleza, que siempre sigue su curso, pero nosotros sabiendo que somos libres para elegir, sepamos escuchar la Voz del Buen Pastor que nos quiere llevar a buen pasto y cristalinas aguas, a diferencia de otras muchas voces que son de “lobo y ladrón”.

Pidamos por las vocaciones sacerdotales, que son la voz y presencia de Cristo entre nosotros y la vida consagrada, porque no todo es hacer, sino SER. Cristianos hasta la muerte, dando frutos de buenas obras, sin miedo al “enemigo” que es ahuyentado por Jesucristo, para que tengamos alma y corazón confiados en su Palabra y en la protección maternal de la que es Madre suya y de todos los que queremos ser fieles, aunque el alrededor no nos acompañe. Amén