Domingo III de Pascua


Queridos hermanos y amigos:

Vamos avanzando por el Paso de Cristo por este mundo y nos encontramos de nuevo con otra aparición el Domingo Grande de su Resurrección; en este caso, a los discípulos que marchan hacia Emaús.

!Que paciencia tendría el Señor con los tenía cerca y que no confiaron en sus Promesas!
“Muy de mañana”, se manifiesta a aquellas mujeres que iban a embalsamar su cuerpo, ya que el Viernes se hizo el trabajo a medias y con carreras. No creyeron en el anuncio de la muerte y Resurrección. Iban pensando en “sus cosas” mundanas y el Señor se les aparece y les dice que vayan a anunciarlo a los Apóstoles. En una época, en la que el testimonio de la mujer, no servía ni para testificar en un juicio, Cristo las hace primeras y es que Dios elige a “ los que no cuentan, para confundir a los que se creen algo en este mundo”.

Los Apóstoles reciben la noticia y piensan que María Magdalena está borracha!!! Los más íntimos del Señor, tampoco se han creído al Maestro. De hecho, estaban “con las puertas cerradas por miedo a los judíos”. También lo hicieron bien los Diez, porque Tomas no estaba y no lo creía hasta que el Señor le hace tocar sus llagas. Así que, ese Domingo de Resurrección, aparición a los Diez, porque no se fiaban de la Magdalena.

Y por la tarde, dos discípulos que se iban para Emaús, destrozados por la Muerte de su Señor, desilusionados porque ya no podría librar al pueblo de los romanos, reciben a un Señor que se hace el “encontradizo” con otros dos incrédulos. “Tan torpes sois?”, llegó a espetarles en un momento de la conversación. Hasta que lo “reconocieron al partir el pan”. Se iban De la Iglesia!!! No creyeron, no confiaron y terminaron huyendo.

Lo reconocieron en la fracción del pan, por tanto, en la Eucaristía!!!! Y es que en la Santa Misa está El; no un recuerdo, no un rito mágico, no una simple asamblea. No! En la Misa.

Cuantos cristianos bautizados se han marchado de la Iglesia, por miles motivos!. Falta de confianza en Dios?, escándalo de los creyentes?, aburrimiento?, falta de oración?, falta de formación sólida?. Miles motivos, pero una consecuencia: falta de alegría y de sentido a la vida.

Pensemos en la reflexión de aquel santo que decía: “hay dos días fundamentales en la vida: el día que nacemos y el día que descubrimos para qué”.

Hermano, amiga, joven, viudo, sor, sacerdote, matrimonio: no llegues a irte a Emaús! Da la vuelta, vuelve a casa!! Vuelve al Corazón de Cristo, vuelve a la Iglesia. Que no lo vas a ver en la misa con los ojos de la carne? Verdad, verdadera. No hace falta que lo veamos. Pero sí que confiemos en las promesas de Jesucristo.

No le demos más trabajo los creyentes al Señor; rindámonos de una vez y sigámosle adónde quiera que nos envíe, a la vocación que ha sembrado en nuestro pecho, a la tarea de llevar el Evangelio a todos, porque como decía San Francisco, “quizá el Evangelio que lean muchos no creyentes, sea tu vida”. Por eso, “tomemos en serio nuestro proceder en esta vida”, como nos ha dicho la segunda lectura, para que la muerte nos encuentre con los brazos remangados y el corazón lleno de Dios. Si no, nos perderemos lo mejor: vivir esta vida en la Iglesia, Nuestra Madre, y el resto de la eternidad con la Trinidad y toda la Corte Celestial. Amén.

Feliz Domingo! Feliz Día del Señor.

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