Miércoles Santo

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Muy queridos todos:

Entramos en el miércoles santo, que nos invita a prepararnos para los Santos Oficios que comenzarán mañana, con la solemnidad de la Cena del Señor.

Pero mientras tanto reflexionemos en qué ha supuesto esta Cuaresma 2020 en nuestra vida como cristianos. Cómo comenzábamos recibiendo la Ceniza, con todas las iglesias a rebosar, con un animo dispuesto a poner en práctica lo que la iglesia nos enseña en este tiempo y la vamos a terminar con los templos vacíos, pero sin dejar de celebrar y vivir, con nuestra iglesia doméstica, nuestra familia. Y es que la Iglesia no la conforman los edificios, sino los bautizados que son los templos más hermosos, donde Cristo quiere entrar, para sanar, animar, limpiar y fortalecer nuestras pobres vidas. El ya hizo todo lo posible para salvarnos, ahora es nuestro turno de volvernos a su Persona, obedecerle y servirlo en los demás. Porque, como reza san Agustín, “Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti”. Por eso, no está todo hecho con decir que somos cristianos, que estamos bautizados, porque ese mérito ya es de Dios; sino que las obras han de acompañar nuestras palabras. Rezar, escuchar y obedecer, para un día ganar, triunfar y vivir eternamente en el Cielo.

No salen nuestros pasos este año, ni siquiera muchos podemos pisar la calle por esta peste, que nos recuerda las plagas de Egipto. Pero es que ser cristiano no es solo eso; sacamos nuestros titulares, porque antes hemos vivido durante el año, nuestra oración diaria, nuestra misa cada domingo (o a diario), nuestra confesión mensual y nuestra limosna generosa sin escatimar. Y si no lo hemos hecho aún,  el Señor nos sigue concediendo vida para que recapacitemos y volvamos a “Casa”, a la Iglesia!!! “Dios se ha hecho hombre para enseñarnos a los hombres, el camino del Cielo”, nos invitará san Ireneo, ya en el siglo II.

No solo se ha hecho hombre; ha derramado su Sangre Bendita, ha dado su vida, sin escatimar dolores. Y, por ello, puede ayudarnos a los que sufrimos, porque El pasó primero. Nos ha abierto camino. Un camino que es estrecho y va poca gente por el. Pero a los que le obedecen, les concede gracias incesantes.

La primera lectura de hoy, de Isaías nuevamente, refleja a este “Siervo de Yahve”, sufriendo indecible dolor y desprecio por parte de los humanos: le escupen a la cara, le arrancan la barba a jirones, recibía todo tipo de ultrajes, apaleado en su espalda. Quién es este a quien profetiza Isaías? A tu Señor y el mío!! Y todo esto por mi!!!! Que voy a hacer yo por El? Me siento en deuda? O pienso que me lo merezco todo y Dios ha de estar para cumplir mis deseos mundanos?

A raiz de esta meditación, recuerdo que Mel Guibson, mientras rodaba la magnífica película de la Pasión, explicó que las manos que sujetan el primer clavo y el martillo, atravesando la muñeca de Cristo, eran las suyas, explicando: “el Señor está en la Cruz por mi culpa, por mi pecado, yo colaboré con la atrocidad de la Pasión y me siento culpable”.

Hasta que no centremos nuestra vida en Dios, no entenderemos el valor salvifico de la Cruz. Ni la del Señor, ni la que padezco en mi vida ahora. Tenemos sed de Dios, y quizá lo estamos buscando en cosas o acciones donde no está. Hoy, 13.000 familias españolas han perdido un ser querido por el virus, otras muchas han tenido que enterrar a sus difuntos en la más estricta soledad por la situación, muchos en los hospitales están solos, sin compañía. “Son momentos recios, hacen falta amigos fuertes de Dios”, como nos invitaba Santa Teresa de Jesús.

Cuanto más cerca de Dios sufriente estemos, más entenderemos nuestra vida aquí y la misión que tenemos encomendada para llegar a verlo cara a Cara algún día en el Cielo. Mientras tanto, adóralo y consuela el pecho, que tanto dio por ti.

Provechoso miércoles santo a todos. Animo!!!!

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