Martes Santo

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Queridos hermanos y amigos:

Completado el lunes santo, nos seguimos adentrando poco a poco en el Corazón de la Liturgia Pascual, para terminar celebrando la noticia más extendida en toda la historia de la humanidad: !!!Cristo ha resucitado!!!

En este Martes Santo, volvemos a leer en la primera lectura al profeta Isaías, en la que Dios envía a su Hijo, para enseñarnos el Camino a seguir y enseñarnos a ser apóstoles (enviados) suyos, “hasta el confín de la tierra”. Y no unos apóstoles cualesquiera, sino confiados en su Palabra, animados por su ejemplo y fortalecidos con sus sacramentos. Todos hemos sentido el vértigo cuando hemos dado un paso importante fiados solo de Dios, sin más seguridades que la certeza de ser enviados por El: la boda, la consagración o la ordenación sacerdotal. Nos necesita Dios, pecadores como somos, pero dispuestos a dárselo todo.

En el Evangelio leemos la traición  más escandalosa por parte de uno de los íntimos: la venta de Cristo a los Sumos sacerdotes, por 30 miserables monedas de plata, por un Apóstol!!! Judas, el Maestro te eligió para su servicio, te formó, te contó lo más íntimo de su Corazón y tú se lo apuñalas por la quincalla monetaria. Y el Señor estaba sufriendo en aquella cena, en vez de disfrutar, sabiendo que todos, sin excepción le abandonarían muertos de miedo. Pero tú, Judas, como dejaste a Satanás que te poseyera, siendo uno de los 12 privilegiados. No te envidiamos en nada. Tu mal corazón y amor por el dinero te hicieron un traidor, llegando a renunciar, por un orgullo demoniaco, que Cristo te pudiera perdonar; no viste otro fin que el suicidio. Pero el Señor te podía haber perdonado. Te perdiste lo mejor: su amistad y su misericordia.

“Era de noche”, apunta el evangelista con toda la intención de comunicar que la noche es oscuridad, tinieblas, falta de seguridad, el tiempo de Satanás. De noche no se ve claramente, no se pisa sobre seguro. Y por eso, decidiste la traición de noche.

A quien sí que envidiamos todos los cristianos es a Juan el evangelista, el más joven, el más fuerte, el único que huyó y volvió en el momento de la Crucifixión y entierro. Uno estaba muerto y los otros 10 huidos aterrorizados. Nosotros no somos más fuertes que ninguno de ellos, porque hemos evitado muchas veces dar testimonio alegre y convencido de nuestro amor a Cristo: conversaciones donde me callo para que no me tilden de “beato”, conversaciones donde procuro no nombrar a Dios, excusas para no ir a Misa, a confesar, huir en los momentos de ataque a la Iglesia, etc.

Te envidiamos san Juan, con tu cabeza reclinada en el pecho del Maestro, de nuestro Maestro también. Sentir el palpitar de su Sagrado Corazón; Estar tan cerca de El, que notamos ahora muchos, la falta de un sagrario cerca donde reclinar nuestra pobre vida. !!Cuantos de vosotros me habéis hecho saber que no tenéis un sagrario cerca, para echar la cabeza en su Corazón!!
Y es que el Sagrario es demasiado necesario para un enamorado de este Señor de la Vida. Yo tengo la suerte de tener uno en esta clausura que me hace descansar todo el ser en El.

Para los que necesitáis pero no podéis, nos invitó san Manuel Gonzalez a hacer una visita especial. El formó a cientos de Marias de los Sagrarios y los Sanjuanes  también en que, cuando llegaran a una iglesia cerrada y no pudieran hacer la visita frente a frente, la hicieran en la puerta cerrada, traspasando con nuestra mente portones y cerraduras para saludar y hablar con el que vive tras la puerta del Sagrario. En muchas iglesias en la fachada, se marca la presencia del Sagrario justo al otro lado, para que al pasar, nos santigüemos y lo saludemos, atravesando muros e impedimentos, que no podrán impedirlo. Podemos hacerlo así, desde casa: vuela al Sagrario, manda a tu ángel de la Guarda delante para que te guíe, y disfruta un rato largo de estar Corazón a corazón.

Termino con el testimonio de un amigo mío, camionero y catolico, que cuando iba con su trailer circulando, no podía parar, evidentemente, en las parroquias que veía desde la carretera; así que al ver la torre de una iglesia, tocaba el claxon saludando a su Amigo del Sagrario, como él lo llamaba. Y rezaba su estación. Eso lo ve Dios, lo siente y lo agradece, porque su Corazón es plenamente humano y le duelen los desprecios, pero más le gustan estos gestos de sus hijos muy queridos. Asi que ánimo, que nosotros también lo podemos hacer, recostando nuestra vida en su pecho, traspasando la puerta del Sagrario para adorarlo y no para venderlo a la soledad. Animo!!!!

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