Lunes Santo

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Hermanos y amigos:

Ayer celebrábamos la solemnidad de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén y, hoy, seguimos avanzando por este camino cuaresmal, hasta que lleguemos al Santo Triduo Pascual. Aún estamos a tiempo, de dar nuestra limosna a los pobres, aún podemos confesar y ponernos en paz con Dios, aún podemos intensificar más nuestra oración, porque ahora sí que es cierto que tenemos más tiempo para “echar el mejor rato, con el Mejor Amigo”.

Hoy, lunes Santo, la iglesia nos presenta una primera lectura de Isaías, uno de los grandes profetas que Dios envió para proclamar las profecías del “Siervo de Yahve”, en las cuales describe perfectamente y sin error, al Mesías esperado por los siglos. Salvo el Domingo de Resurrección, estará presente cada día, un fragmento de estas profecías en la primera lectura. Estamos hablando de Isaías que vivió 8 siglos antes del nacimiento del Salvador de los pueblos, estamos ante un hombre de Fe, que escribe y anuncia con el más mínimo detalle, los acontecimientos de la Pasión de Cristo.

 Por ello, aprovechemos para leer diariamente las lecturas del día en esta Santa Semana, de la cual vivimos todo el año, porque estamos celebrando los principales misterios de nuestra Fe; la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

En el Evangelio, el Señor está con sus grandes amigos Marta, María y Lazaro, al que había resucitado de su tumba. Betania era el desahogo del Mesías, cuando estaba cansado, agobiado o hambriento. Sabía que estos tres hermanos le acogerían de corazón.

En esta ocasión, María se le acerca y le derrama un perfume de nardos carísimo, sobre los pies a Jesús y se los seca con sus propios cabellos. No escatimó en su Señor, no se avergonzó de reconocerse pecadora delante de Dios Encarnado, no se acobardó por lo que dirían los demás de ella, juzgándola sin piedad. El primero que lo hizo fue Judas, con ese engaño que Satanás le había inculcado; “qué derroche, eso para los pobres hubiera sido mejor”.

Este argumento lo hemos escuchado infinidad de veces: “ la iglesia que venda y atienda a los pobres”. Y lo suele decir el que tiene el puño cerrado y no ayuda a los pobres. La Iglesia está siempre con los pobres, siempre!!! Es la mayor benefactora de la sociedad mundial. Y si no, echen cuentas con la mayor objetividad y verán cómo siempre está donde haya una necesidad. Creemos en Cristo y para Cristo, lo mejor, que es quien nos envía después a los más necesitados, no solo de dinero material, sino de otras muchas necesidades.

Por eso Cristo aceptó la valiosa ofrenda de María, que anunciaba su muerte inminente. Traicionado  por el que estaba enamorado más del dinero que de los pobres: Judas el Iscariote. Imitemos a aquella valiente mujer; primero Dios. Y Dios sabrá recompensarnos el día de nuestro encuentro cara a Cara, el amor hacia El y hacia los pobres.

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