La calor


Tampoco deja de ser cierto que que son ciclos y que los profetas del fin de los tiempos disfrutan de su mensaje como niños con un globo

calor Córdoba Mujer protegiéndose del sol./Foto: Jesús Caparrós
Mujer protegiéndose del sol. /Foto: Jesús Caparrós
Mujer protegiéndose del sol./Foto: Jesús Caparrós calor
Mujer protegiéndose del sol./Foto: Jesús Caparrós

Partimos de la base de que todos los años, en Córdoba y en julio hace calor. Desde que tengo uso de razón es así. Se superan los 40 grados con facilidad y lo peor viene por las noches, porque el asunto de la temperatura no baja lo que nos gustaría.

Es una constante, en julio, en verano, en Córdoba, hace calor. Pero esto para los profetas del cambio climático es una prueba más de su particular apocalipsis. Son muy progresistas, pero disfrutan anunciando el final de los tiempos donde, claro está, no habrá más en lo que progresar.

No digo que no haya señales de que el clima está en contra, pero tampoco deja de ser cierto que que son ciclos y que los profetas del fin de los tiempos disfrutan de su mensaje como niños con un globo (o un móvil).

Ahora resulta que pasar calor en julio, en verano, en Córdoba, no es lo normal. Esta semana he llegado a presenciar como en el parte de la televisión del Estado se entretenían en poner mapas con colores (lástima por los daltónicos) donde señalaban cómo había una supuesta variación de dos o tres grados más con la media de “esta época del año”. 

Esa última frase es la favorita de los profetas climáticos (sostenibles en su agenda 2030), que acabaran diciendo que la guerra de Putin ha agravado el problema del cambio climático, porque en ese discurso todo vale. Miran las temperaturas y los niveles de precipitación con el ansia de los cofrades en Semana Santa, esperando que cualquier dato -por descontextualizado que esté- le dé la razón. Es una especie de síndrome de Estocolmo con lo negativo y contiene la actitud inquisitorial de culparte por poner el aire acondicionado, no usar el abanico y no tomarte un gazpacho. Remedios caseros que, si los pones en práctica, aparte de sentirte bien contigo mismo, no te van a quitar el calor, pero serás bueno y guay, climáticamente hablando.

Puede que sea hasta verdad, pero siempre hay que desconfiar de quienes ofrecen discursos categóricos y con el marchamo de la oficialidad. Es una máxima, como saber que en verano, en julio, en Córdoba, hace calor.