Montoro no se lo merece


El municipalismo del PSOE es ese, salir pitando para Sevilla en cuanto se pueda

Ayuntamiento de Montor
Ayuntamiento de Montoro. /Foto: LVC
Ayuntamiento de Montor
Ayuntamiento de Montoro. /Foto: LVC

Bajo los axiomas de siempre todo cabe. Las noticias se olvidan, como mucho, en dos días y, al tercero -como reza la marcha- resucitó. Esto le sucede con demasiada frecuencia a los líderes políticos y, en especial, a los socialistas que han encontrado su carpe diem en Pedro Sánchez. Un líder que tiene de todo menos escrúpulo alguno en afirmar una cosa y, diez minutos más tarde, la contraria.

Y, mientras los socialistas intentan en privado convencer al personal de que en las regiones y provincias son distintos, la realidad es que hacen lo mismo que su jefe. No son pocos los líderes locales y regionales que se definen como “los de siempre” y ese PSOE “de siempre” es el de ahora y el de antes, se mantiene inalterable en una falta de principios que no asusta, porque ya no sorprende.

El ejemplo cercano está en un municipio cordobés, Montoro (que también, de no ser por el batacazo electoral de las andaluzas, podría haber sido Puente Genil). En la localidad del Alto Guadalquivir, hace tres años tuvieron perdida una de sus alcaldías históricas. Ana María Romero tuvo, durante unos días, perdido el bastón de mando. El PSOE tenía seis concejales tras las municipales y la Unión Democrática Independiente Montoreña (UDIM), una escisión de los socialistas, cinco. Los independientes consiguieron que IU y PP, con un edil cada uno, los apoyaran. Pero poco después los comunistas se arrepintieron de su pecado y dieron a Romero el voto y el báculo capitular.

El PSOE mantuvo la Alcaldía de Montoro, usando terminología futbolística, en el descuento y con una revisión del VAR. Minimizaron el golpe que sí se llevaron en La Rambla y en Baena y, al tercer día, ya nadie se acordaba de lo que pasó, o sí.

Tres años después, su alcaldesa entró en la lista a las autonómicas, resultó elegida in extremis, y Montoro tendrá, al menos por un año, a Dolores Amo como regidora. El PSOE se perpetúa y sobrevive, mientras en la campaña se ha vendido como municipalismo una patada hacia arriba de sus alcaldes o exalcaldes.

Y es así porque no solo está el caso de Romero, sino el de Ambrosio, que aterrizó -como su camarada montoreña- desde la administración autonómica en la capital y, gracias a un tripartito, logró lo impensable entonces, que el PSOE mandara en Córdoba. Ahora, también se va y deja de ser la lideresa de la oposición. Y, casi, hace lo mismo que Romero, Esteban Morales en Puente Genil, donde seguirá gobernando porque no consiguió escaño, mientras proseguirá ejerciendo como portavoz del Grupo Socialista en la Diputación y como presidente de Emproacsa, para acometer de camino las obras de emergencia del trasvase de La Colada que, ahora sí, resulta que son de su competencia y no le pueden echar el muerto a la Junta.

El municipalismo del PSOE es ese, salir pitando para Sevilla en cuanto se pueda. Poco importa que hace tres años en Montoro se arrancaran la piel política para no perder una alcaldía, que ahora se “hereda” y no es ironía, porque las maneras del PRI (el equivalente socialista mejicano que mandaron durante más de un siglo ininterrumpido) son las que gustan aquí, mandar por imperativo, legado, costumbre y tradición, como si de una de las fiestas de la primavera se tratase, mientras el resto transita por un largo invierno.