Nuestro héroe


Junto a él va el Cristo de la Providencia y nuestros corazones, que piden por él, por quienes le acompañan y por aquellos a los que tiene que proteger

Militares del Ejército de Tierra./Foto: Jesús Caparrós españa heroe
Militares del Ejército de Tierra./Foto: Jesús Caparrós
Militares del Ejército de Tierra./Foto: Jesús Caparrós españa
Militares del Ejército de Tierra./Foto: Jesús Caparrós

A uno de los nuestros se le escapó un ¡Viva España!, mientras los demás aplaudían. Fue un momento emocionante, de esos en que es complicado mantener la entereza y muy difícil que no se te escape una lágrima. 

El motivo era que otro de los nuestros partía en pocos días (cuando se publica esta columna ya está en camino) hacia el Líbano, como miembro de la Brigada ‘Guzmán el Bueno’ X. El escenario era la parroquia en torno a la que se articula nuestra vivencia comunitaria semanal y, al finalizar la misa, a Manolo se le entregó en un estuche una imagen del Cristo que la representa y protege, para que lo lleve con él a su misión, lo guíe y lo guarde.

Durante seis meses formará parte del contingente, que tiene como centro de operaciones la base militar española ‘Miguel de Cervantes’, en Marjayoun, en las proximidades de la frontera líbano-israelí. Tiempo en el que será uno de los garantes de mantener la paz en una zona casi siempre convulsa.

Mantener la paz, un objetivo que va mucho más allá de luchar por ella, aunque para conseguirlo haya que portar un arma y puede que mirar de frente al enemigo, con la sangre fría y con la templanza que no solo se aprende en la instrucción, sino que se lleva como una bandera.

Probablemente, alguno de ustedes pensará eso de que ya sabía lo que hace uno cuando se mete a militar, pero tampoco hay que olvidar que para que disfrutemos de ella cada día tiene que haber personas que la guarden y se esfuercen para mantenerla con una labor invisible. Y la paz no se mantiene en la puerta de nuestra casa, sino en centenares de enclaves repartidos por el mundo, el mismo que es mucho más peligroso allende de nuestras fronteras.

Para nosotros -para mí, seguro- Manolo es nuestro héroe. Uno que habla poco, siempre con calma y mesura y asume con naturalidad el deber que lo llama. Junto a él va el Cristo de la Providencia y nuestros corazones, que piden por él, por quienes le acompañan en la misión y por aquellos a los que tiene que proteger, que somos todos en definitiva.