Cofrades postmodernos


El discurso está preparado y publicamos lo buenos que somos con nuestras campañas, mientras con la otra mano saturamos al personal con miles de actos repetidos

Nazarenos del Buen Suceso./Foto: Luis A. Navarro

Hubo un tiempo en que no había ni teléfonos inteligentes, ni redes sociales, ni estábamos hiperconectados. No hace tanto de esto, pero ya casi nadie lo recuerda, salvo los últimos románticos. 

Nazarenos del Buen Suceso./Foto: Luis A. Navarro cofrades
Nazareno¡./Foto: Luis A. Navarro

En aquel tiempo las cofradías guardaban -atesoraban- aun un cierto halo de misterio, de sorpresa, de escalofrío, cuando uno veía -fíjense qué locura- a las hermandades en la calle de año en año. Entonces, los actos de Cuaresma, más allá de los cultos, eran muy pocos y, por ejemplo, la presentación de una revista era un acto social de primera magnitud. 

Luego, la red nos fue conectando y los medios aumentaron su presencia y el flujo de información cofrade. Esa historia ya la saben y lo que vino después es lo que tenemos hoy, que uno mira a lo que puede asistir y tiene siete ensayos, tres conferencias, ocho cultos y seis presentaciones (por dar números al azar) en una franja de dos o tres horas un viernes por la noche.

Todo es estupendo. Pagados de sí mismos, los cofrades califican todo de éxito (de puertas para afuera) y se felicitan por la normalidad recuperada. El coronavirus ya no existe y lo de la guerra con una publicación en redes se cumple, en unos casos, y, en otros, se recogen alimentos y material de primera necesidad. Cosas que están bien (sobre todo, es última), pero es más un mecanismo que un fin, el de ayudar.

Esto sé que no gustará a nadie, pero antes de que se implanten por completo o el modelo de democracia totalitaria o el Chino, comunista, aprovecharé el resquicio. Esto es, ya sea por un volcán, antes por la pandemia, antes por un terremoto, el discurso está preparado y publicamos lo buenos que somos con nuestras campañas, mientras con la otra mano saturamos al personal con miles de actos repetidos, vacíos y muy prescindibles, en la mayor parte de los casos.

Esa es la otra cara de los cofrades, esos que se han vuelto postmodernos y que aprovechan cada acto vaciarlo de contenido la mayor parte de las veces. Presos de su propia sociedad, la misma que se tambalea con precios imposibles y con racionamientos en supermercados y no ve, por más que lo tenga delante, que el orden lleva dos años cambiando y nos aferramos a lo que no volverá, con un futuro incierto que somos incapaces de afrontar, tomar el mando y ser adalides de algo. A disfrutar.