Farsantes y publicistas


No sabes nunca muy bien ni cómo te debes sentar en la terraza de un bar, cuánto dura la cuarentena o si tienes o no que hacerte un test de antígenos

Consumidores de terrazas, bares y cafeterías portan sus mascarillas ante la obligatoriedad por parte de la Junta de Andalucía de ponérselas mientras no se esté consumiendo./Foto: Álex Zea - Europa Press capitales riesgo covid
Consumidores de terrazas, bares y cafeterías portan sus mascarillas ante la obligatoriedad por parte de la Junta de Andalucía de ponérselas mientras no se esté consumiendo./Foto: Álex Zea - Europa Press
Consumidores de terrazas, bares y cafeterías portan sus mascarillas ante la obligatoriedad por parte de la Junta de Andalucía de ponérselas mientras no se esté consumiendo./Foto: Álex Zea - Europa Press capitales riesgo covid
Consumidores de terrazas, bares y cafeterías portan sus mascarillas ante la obligatoriedad por parte de la Junta de Andalucía de ponérselas mientras no se esté consumiendo./Foto: Álex Zea – Europa Press

La sexta ola es el final de la pandemia. El coronavirus está arrinconado. La pandemia ha sido un acelerador para el Gobierno. Todo va bien, qué digo bien, va mejor que los Estados Unidos de los felices ’20. Esto es una fiesta.

Esa es la conclusión que se podría extraer del Alice in Wondeland en el que vive el presidente del Gobierno de España, tras su comparecencia de esta semana. La misma en la que solo pudieron preguntar seis medios y en la que vendió su burra y se quedó tan ancho con lo de la pandemia, faltando, como poco, el respeto a tantos fallecidos y enfermos.

No es nuevo ni merece la pena detenerse en ello, más de lo oportuno, porque la farsa da para poco si uno piensa por sí mismo. Lo que sucede es que en el escenario político, quizá sin tanto abuso, hay mucho de grotesco, de mensajes vacíos, de marketing y de publicidad. 

Con la gestión de la pandemia se ha podido comprobar en todo su esplendor, por medio de mensajes (eslóganes) que se cambiaban a los dos días, mientras la masa ve pasar el tren y se cree que es un barco si se lo repiten lo suficiente y con la expresión corporal correcta.

El ejemplo más paradigmático está en la desgobernanza autonómica (la misma que llaman cogobernanza) que solo sirve para que haya mancomunidades en el Norte (autonomías que se unen para restringir libertades y para sufrir el caos de no saber nunca muy bien ni cómo te debes sentar en la terraza de un bar, cuánto dura la cuarentena, si tienes que hacer aislamiento si eres contacto estrecho de un positivo o si tienes o no que hacerte un test de antígenos para hacer tal o cual cosa (que no vamos a especificar aquí, para no herir sensibilidades).

La realidad es que 2021 se despide como el año dos del coronavirus, con mensajes repetidos de que es el final de la pandemia, por muchos. Ojalá de tanto repetirlo se cumpla y el virus haga caso de una vez, por más que pese la soflama como algo vacío, que el cansancio sea cada vez mayor y que, en el fondo, sepamos que quienes lo dicen tienen más de farsantes y publicistas que de seres racionales.