“No voy de faroleo”


Todo serían ventajas: independencia real, libertad y hasta relaciones más sinceras

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Asamblea de la Agrupación de Cofradías./Foto: Jesús Caparrós
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Asamblea de la Agrupación de Cofradías./Foto: Jesús Caparrós

Habían terminado las dos asambleas extraordinarias de la Agrupación y esa expresión del titular la utilizaba un hermano mayor (no el de la foto), que defendía que lo que nadie le puede negar es que siempre ha buscado “sacar un duro” para su hermandad.

Tal vez, ya pasó el tiempo -o no- de buscar culpables sobre lo sucedido en el último año y medio. Eso tendrán que hacerlo, si es que quieren y es necesario, los afectados. Entre tanto, de este año y medio de penar por el desierto de la subvención municipal (de la que se han cobrado algo más de dos tercios, de 2020) y del convenio, se puede extraer una valiosa lección que, por sabida, cada vez es más necesaria.

Las cofradías deben y merecen autofinanciarse. Por su salud financiera y por la íntima libertad que merece el hecho religioso, para poder desarrollarse como tal. No se está diciendo que haya que repudiar al político (nada más lejos de la realidad), pero uno es más igual al otro cuando no depende, aunque sea en parte de él, de ese convenido “vamos a llevarnos bien”.

Todo serían ventajas: independencia real, libertad y hasta relaciones más sinceras. A lo que hay que sumar que las asambleas serían más tranquilas y se ahorraría en convocatorias extraordinarias, que no son del agrado de nadie. Y, sobre todo, se evitaría ese el “faroleo” que implica decir una cosa en un determinado foro y poner la mejor cara de domingo en otro. Porque eso o acaba en úlcera o en ataque de ansiedad.