Daño colateral


Es una decisión legítima de una junta de gobierno, como negociar con varias bandas a la vez, pero chirrían las formas

Palio de la Virgen de la Caridad./Foto: Luis A. Navarro
Palio de la Virgen de la Caridad./Foto: Luis A. Navarro
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Palio de María Santísima de la Caridad./Foto: Eva M. Pavón

El tiempo y la distancia, por evidente, te dan perspectiva hasta para opinar de cofradías. Incluso, hasta de alguna en la que una vez te sentiste parte. Recuerdo bien que éramos unos niños y que yo, particularmente, con la arrogancia de mi juventud creí que podía cambiarlo todo. Luego, sencillamente, fue nada o casi nada.

No éramos él y yo solos, había más gente aunque se quedara en otro camino, pero recuerdo como en el banco de una plaza jugábamos a querer cambiarlo todo. Él siempre ponía el balón en el suelo y los pies en la tierra, mientras yo jugaba a ser una suerte de Ernesto Guevara en versión cofrade. Esto último, ser cofrade, era lo que más me gustaba del mundo y a él más que a mí.

Y les cuento todo esto porque nuestros caminos se alejaron y unieron por mi culpa, porque un día decidí que la cofradía debía dejarla atrás e ir a ver a mi Virgen sin que nadie supiera cuándo ni cómo. Y es que llega un momento que ese “mundo cofradete pone contra la espada y la pared y no te queda otra que seguir adelante.

Cuando escribes de esto -de cofradías- sabes que tiene un coste, que nadie te lo va a perdonar y que, si pueden, te lo van a hacer pagar. Pero a veces hay que abonar el arancel, el óbolo al barquero y cruzar al otro lado.

Esta semana se nombraba a dos capataces y se destituía a otros dos. Es una decisión legítima de una junta de gobierno, como negociar con varias bandas a la vez, pero chirrían las formas. La primera que, tras dos años sin procesiones no se ajusten (los capataces) a lo que necesita la hermandad. Tal vez porque lo que precise sea más una barra en una cruz de mayo o una caseta de feria para generar ingresos, que salir a la calle, porque el vil metal no entiende de pandemias.

También rechina que la hermandad en cuestión se haya convertido, en los últimos años, en una especie de exposición de lo mejor de Sevilla, desde el frontal del palio hasta los nuevos diseños de cruz de guía y simpecado, entre otros. 

Mi amigo no era ninguno de los dos capataces, aunque acompañaba a uno. Él simplemente me dijo lo que pasó horas antes de que saliera el comunicado y se autodefinió como un daño colateral. El problema es que hay cofradías que acumulan demasiados daños colaterales, aunque luego eleven a los que un día destruyeron. Y volverá a pasar, no les quepa duda.