Una semana inolvidable


No hubo que desalojar las calles, como sí ha pasado en algunos recintos de ocio, por cierto

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Nuestra Señora de la Estrella./Foto: Jesús Caparrós
Concierto en el Kiosco de la Música./Foto: Jesús Caparrós
Concierto en el Kiosco de la Música./Foto: Jesús Caparrós

No pasó nada que no pasara en otros eventos. No hubo que desalojar las calles (como sí ha pasado en algunos recintos de ocio, por cierto). Nadie se quitó la mascarilla… y así prosigue el etcétera del cumplimiento de las medidas por parte de los cofrades. Nadie se pasó de la raya, porque desde el devoto al capillita tienen casi siempre la sensación de que la vara de medir de sus actos es más dura o no tan laxa como para otros colectivos.

En esas, la Virgen de la Estrella salió a las calles de la Huerta de la Reina. Y, he de confesarles, que cuando la cruz de guía asomó una emoción antigua me erizó la piel. Hace año y medio, siendo sincero, llegué a pensar que nunca volvería a ver a una cofradía en la calle o que pasaría mucho más tiempo.

Escuchar el golpe del martillo sobre la parihuela, resultó atávico. Un solo sonido te puede transportar en el tiempo por arte de magia, imaginación o nostalgia. Llámenlo como quieran, pero fue así. Y más, cuando quien lo toca es amigo y has compartido tantos momentos con él.

Por la noche llegó el concierto y las marchas elevaron sus acordes hacia una normalidad que los cofrades se merecen como el que más. La semana ya es inolvidable e histórica para las hermandades de Córdoba, para sus costaleros (ahora portadores) que aguardan su momento, para las bandas, para quienes portaron el cirio; para ese elenco de actores invisibles que forman el retablo humano de unas cofradías que, en septiembre, han encontrado una primavera feliz.