Un rato en la zona covid


Tenía el virus y al rato se lo llevaron, sin que pudiera evitar pensar que alguien al que aprecio debió pasar por una situación similar hace muchos meses

Sanitarios coronavirus
Sanitario de las urgencias del Reina Sofia./Foto: HURS
covid coronavirus Profesional en Urgencias del Hospital Reina Sofía atendiendo a un paciente./Foto: HURS
Profesional en Urgencias del Hospital Reina Sofía atendiendo a un paciente./Foto: HURS

La hipocondria, el temor a la enfermedad tras tantos avatares en la infancia, me hizo, durante 15 meses, guardarme mucho del bicho. Eso sí, en ese avance imparable de la pérdida de libertades que ha traído la pandemia (si no que pregunten en Mallorca) aprovechaba para fumar como un furtivo más -o más furtivo aun-, a sabiendas de que si el virus chino o, en su defecto, la cepa india me cogen por banda puede que se ceben con estos órganos maltrechos.

Sea como fuere, la fiebre llegó un día y no era la canción de Ricky Martin. El malestar y el miedo (todo hay que decirlo) legítimo a no querer convertirme en un contagiador y sufrir la peste del contagiado me hicieron ir a por el test. Y así entré en la zona covid. 

Una señora entró preguntando por la máquina de sandwiches y el celador la despachó divertido. Ella salió despavorida, al escuchar las palabras mágicas, mientras el sanitario se lo tomaba con socarronería. A mi derecha se situó otra mujer, con los mismos síntomas que los míos, pero al frente -en silla de ruedas- un hombre apenas podía sostener el móvil.

Tenía el virus y al rato se lo llevaron, sin que pudiera evitar pensar que alguien al que aprecio debió pasar por una situación similar hace muchos meses. En otra esquina de la sala una mujer mayor tosía en la camilla. También lo tenía, mientras preguntaba al celador por la hora, porque tenía sueño y no sabía si era hora de dormir. Me recordó mucho a alguien que hace demasiado que se fue y, con la torpe insolencia de la mascarilla como disimulo, quise ver el color de sus ojos. 

Durante algo más de una hora estuve en la zona covid, sintiendo una soledad que nunca antes había sentido. Supongo que los cuatro que estábamos allí padecíamos de ese mal con el tantas personas han perdido la vida en estos meses. Por eso, cuando los veo divertirse, cuando los veo ser incapaces de tomar decisiones, cuando todo es absurdo e inane un sentimiento de rabia me embarga. Pero cuando los vi de frente, entonces sentí que nada de lo escrito había sido suficiente.