Algo insólito


Un poco de autocrítica de quienes mandan en Capitulares e Isaac Peral sería conveniente, pero aquí, eso se suele interpretar como un ataque personal

alcalde insólito
El alcalde de Córdoba, José María Bellido, durante la bendición de la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Victoria en sus Tres Caídas./Foto: Luis A. Navarro
whatsapp image 2021 05 06 at 211204 1
Olga Caballero, José Juan Jiménez, Salvador Fuentes y Joaquín de Velasco./Foto: BJ

La historia de las cofradías está jalonada de negativas, que paradójicamente, llegaron a resultar felices. Un ejemplo de esto fue la marcha que Gámez Laserna regaló a la hermandad de la Buena Muerte y que esta rechazó, para -tras décadas de casi olvido- convertirse en el himno oficioso de la Semana Santa de la capital.

Hablamos de Saeta Cordobesa y casi con el dolor de una saeta, clavada en el costado de las hermandades, se ha avecinado la subvención municipal de 2020. La misma a la que todo apunta que no se cobrará íntegra, de la que primero se cobró la mitad y, a 10 de junio de 2021, se ha aprobado una partida de algo más de 70.000 euros.

En total se va a cobrar algo más de 220.000 euros (que no es poco) de los 300.000. Pero lo llamativo (llámenlo insólito, inusitado, peculiar… escojan calificativo a su gusto) es que es la primera vez, desde que hay subvención, que no se va a abonar íntegra.

La pandemia ha servido como el cajón de sastre de las culpas, que antes fue Zapatero para el PP, Rajoy para el PSOE y Pedro Sánchez para cualquier hijo de vecino. Repetimos, la pandemia, el modelo de convenio, la necesidad de un cambio, la Intervención, etc., han servido para justificar una circunstancia que a las que perjudica es a las cofradías y, probablemente, a los gastos corrientes de la Agrupación (que esa es otra cuestión a analizar, otro día).

La obra social, los vídeos promocionales, el logo del Ayuntamiento en cada cartel han sido las fórmulas usadas para intentar justificar el convenio de 2020 y las nuevas vías para el de 2021. Este último, a 10 de junio, está por rubricarse sin Semana Santa de por medio y bajo promesa de que va a ser el mejor de España (no sabemos si de la humanidad).

Entre medias ha habido un recurso a la subvención de 2020 y, se mire por donde se mire, la realidad es que el tiempo ha pasado y las soluciones han parecido -en todo momento- fruto más de la improvisación que de un trabajo bien -o adecuadamente- hecho.

La pandemia es una gran excusa, tanto que se usa para disuadir de que se realicen procesiones mientras disfrutamos de conciertos y de público en la Eurocopa. También lo fue para proponer la celebración de cruces sin barra, que hasta algún hermano mayor malpensado quiso ver una maniobra para virar al modelo de Granada. También para que nos entretengamos debatiendo si a los costaleros hay que hacerles PCR o los queremos vacunados, mientras no te la pidieron para ir a la miniferia del Arenal, ni para las corridas de toros, ni para entrar a un concierto. También lo fue para dejar caer el peso sobre un partido político si no aprobaba los presupuestos (no habría subvención) de una forma poco sutil, todo sea dicho.

Todo ello lleva a pensar si un poco de autocrítica de quienes mandan en Capitulares e Isaac Peral no sería conveniente y hasta sano, si me apuran. Con naturalidad, como se hace en Sevilla, en Málaga o en Cádiz. Pero aquí, eso (quizá esta columna también) se suele interpretar como un ataque personal. Todo ello lleva a pensar que tal vez haya llegado el momento en que las cofradías dejen de mirar y desear el dinero de Capitulares (que lo tienen merecido por lo que aportan) y vean en la autofinanciación un vestigio de libertad, que permitiría hasta poner los carteles sin logo. Todo un logro, sería.