¿Por qué no?


La pandemia ha dejado la máxima en Córdoba, o eso parece, de que es mejor no inventar demasiado y esperar a que todo pase y lleguemos a la normalidad

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Nazarenos de la Macarena./Foto: LVC
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Nazarenos de la Macarena./Foto: LVC

Era en durante la retransmisión de La Voz de las Cofradías donde el compañero Joaquín de Velasco utilizaba una expresión muy familiar entre los desterrados (otrora tránsfugas cofrades), con la que se acusaba de una falta imperdonable, la de “lesa cordobesía”.

Una frase hecha, máxima o aforismo que se aplicaba para -contra- aquellos  que ejercían la disidencia ante lo establecido. Entre los procesados por “lesa cordobesía”, los favoritos siempre fueron aquellos que miraban -o iban, o ambas cosas- a la ciudad que está bajando el río y no es Sanlúcar. Aquella urbe donde las cofradías no se vieron interrumpidas en cuatro siglos y que contiene elementos, que fueron del gusto de aquellos cordobesitos apátridas, que encontraron allí un reino al que pedir asilo.

Una falta de “lesa cordobesía” de la que uno mismo llegó a presumir, cuando la juventud no aconsejaba utilizar determinados filtros, que la edad te va colocando en su sitio, para evitarte malas miradas. E ayer hasta hoy, uno descubrió que en esa ciudad del Guadalquivir hay encantos prohibidos (de lo cofrade hablamos) y actitudes que es mejor no imitar.

Pero del primer grupo sigue habiendo cosas hacia las que uno no puede dejar de sentir cierta envidia, sana por supuesto. Así, la pandemia ha dejado la máxima en Córdoba, o eso parece, de que es mejor no inventar demasiado y esperar a que todo pase y lleguemos a la normalidad. Dejarse llevar.

Bajo esa presunta excusa, durante más de un año todo se ha reducido a cultos (que son imprescindibles, entiéndase) y poco más. Entre tanto, abajo el Guadalquivir y en otros enclaves más se ha comprobado como se pueden realizar, por ejemplo, exposiciones más que interesantes. Muchas de ellas no se pudieron visitar (por parte del cordobés apátrida) por la prohibición de la movilidad entre provincias . Sin embargo, ahora hay dos en la ciudad de abajo el Guadalquivir, en el mismo enclave, que demuestran que las actividades pueden circunscribirse a más que cultos y veneraciones (repito, fundamentales), siempre que haya interés por hacer cosas.

¿Por qué aquí no? La respuesta es fácil de deducir sin acudir a la falta de “lesa cordobesía”. Más difícil es de entender por qué se permiten conciertos, circos, miniferias, público en los estadios, liberación de las restricciones en las reuniones privadas y, para sacar una cofradía a la calle hay, de momento, que pasar por más cribas que en un talent televisivo.