Mari Loli


Estaba profundamente enamorado de ella y cometí dos errores que un hombre (esto es micromachismo) ni debe ni se puede permitir

Mari Loli
Mujer de espalda./Foto: LVC
back womens head blonde hair
Mujer./Foto: LVC

Digamos que se llamaba así la chica que me enseñó a ser responsable y a cambiar el acné por el pensamiento crítico. Podía ser Mari Loli, Pili o Isabel, pero como en el poema, el camino junto a ella fue lo importante. 

Nunca le di un beso a Mari Loli, pese a que me tenía loco, porque sabía que la imprudencia me podía salir cara. Su perfume irradiaba la habitación donde me ayudaba a comprender el inglés que nunca tuve ni quise, pero aquellas clases tenían como premio el aroma que permanecía durante días, el suyo, o mis sentidos me engañaban.

Estaba profundamente enamorado de ella y cometí dos errores que un hombre (esto es micromachismo) ni debe ni se puede permitir: confesarlo y, en consecuencia, estar en sus manos más aun; y abrirle la puerta de aquello que, entonces, tanto me gustaba, las cofradías.

Mari Loli no aprendió más de cofradías que yo, que va. Pero tenía ese don natural para analizar situaciones (aquello de verlas venir de lejos) y anticiparse a los hechos. En su pretendido segundo plano le fue muy bien hasta que se cansó de hermandades y, de camino, me salvó en momentos decisivos. “No hagas esto”, “ve a por aquello”… nunca falló.

Los errores vinieron cuando Mari Loli se cansó de cofradías y yo me cansé de esperarla. Como pueden entender, los fallos -que fueron muchos- corrieron de mi cuenta. Y, ahora, que lo veo todo con mucha distancia, aunque escriba del tema a diario, veo con claridad que hice bien en seguir su último consejo: “quítate de en medio”, me soltó sin mayor explicación. Pero hay frases que se explican solas.