El último día de mi vida


Tampoco deja de ser cierto que al que les habla -o escribe- el exceso de hilaridad, si no es por los efluvios del alcohol, le preocupa. Y si es por ellos, pues también

José Maria Bellido durante el acto organizado por la hermandad de la Buena Muerte./Foto: LVC

“Éramos felices y no lo sabíamos”. Esta frase me la decía un buen amigo, que además es médico y cuyo testimonio verá la luz este sábado. Hablaba, cómo no, de marzo de 2020, justo antes de que la OMS (tal día como el que escribo esta columna) declarara al COV-SARS-2 pandemia. Esto cuando, a la par, le estaba blanqueando el nombre con Covid-19, para que no se le llamara virus chino.

Pues sí, lo éramos. Tampoco deja de ser cierto que al que les habla -o escribe- el exceso de hilaridad, si no es por los efluvios del alcohol, le preocupa. Y si es por ellos, pues también. Los míos, los primeros, como el America first de Trump. Y es que todos vivíamos en nuestra burbuja invencible, sin caer en la cuenta de que la muerte está ahí desde que el hombre es hombre, e incluso, antes de él.

De aquella irrealidad feliz recordé el 7 de marzo, cuando Joaquín nos invitó a los garbanzos solidarios y fue un día de esos inolvidable, en el que acabé muchas horas después hablando del costal en otra casa de hermandad. Aquel fue el último día de mi vida cofrade, la de un cofrade raro -eso sí-, pero como lo he sido para todo en mi vida.

Durante estos 12 meses me he sentido como el adolescente que fui y, entre lágrimas la mayor parte de las veces, he escuchado más marchas que en las dos décadas anteriores. Intentaba no mirar los vídeos, porque la música me devolvía un millón de recuerdos que creí olvidados y, no, estaban ahí, como la tesis de Heidegger, esperándome. 

Con esos recuerdos me levanté el pasado domingo, pero dejé la pena para el rato del cigarro en la terraza. Repasé los rostros y me fui a la calle. Tras mucho tiempo, mi amigo el médico apareció. Nos dimos un abrazo, el primero en un año fuera de la unidad familiar, y quise creer -y sentí- que era el día uno de la nueva vida.