¿Quién no salva ahora de los que salvaron la Navidad?


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La Plaza de las Tendillas recién comenzado el Año Nuevo./Foto: Francisco Patilla

¿Quién no salva ahora de los que salvaron la Navidad? La respuesta es que no hay más redención que aguantar el tipo. Y es que, con enero tachado en el calendario; con una tercera ola que probablemente ha sido la segunda parte de la segunda (nunca se llegó a aplanar la estadística como la primera vez); con una cifra de contagios, hospitalizaciones y muertes, insostenible; ahora, es el momento de recordar a quienes relajaron las medidas en diciembre su error.

Sin salud no hay economía, han repetido las voces que menos se atienden. Mientras otras han clamado, con el rostro circunspecto, que hay que salvar la economía. Pero el error es de base y, si la raíz nació podrida el árbol está muerto. Esto nos ha pasado, minusvaloramos -o minusvaloraron- al virus chino, a su salto a Italia, a las mascarillas y un largo etcétera sin mirar lo que algunos países o regiones del mundo estaban haciendo bien.

Esto no se puede evitar repetían algunos responsables políticos, como el mantra que los redimiera de su torpeza. Mientras cargaban la culpa sobre la ciudadanía que, en su mayoría, han hecho lo que ellos les dictan. El error, ya les digo, es de base, porque si el que manda no tiene ni idea las cosas nunca salen bien.

Se ha hecho política del virus, como si la proteína encapsulada entendiese de siglas y colores. Entre tanto, la gente muere y no son pocos los médicos que recuerdan el error de aquel “hay que salvar la navidad” ¿Quién salva a los que han muerto? ¿Quién salva a sus familias? ¿Quién salva a los camareros, a los pequeños comerciantes, a quienes han cerrado sus negocios? Nadie.

Cuando esto pase y repunte la economía se venderá como el mayor crecimiento del mundo civilizado, obviando que partimos de la mayor caída de ese mundo. Cuando esto pase, en el mejor de los casos, se oficiará otro funeral de estado y a otra cosa, que los fallecidos no votan. Cuando esto pase seremos menos y estaremos más tristes y, algún día, los que quisieron salvar se verán postrados en una cama y, en su último aliento, quizá reflexionen sobre lo que hicieron mal y lo que no hicieron. Será tarde.

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