Insólito


coronavirus
Mujer fumando con mascarilla./Foto: LVC
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Mujer fumando con mascarilla./Foto: LVC

Cuando los libros de historia (si es que existen los libros) cuenten lo que sucedió a comienzos de esta década, no sabremos que dirán. El relato del pasado lo narran quienes vencen y, por esa regla de tres, puede que el virus chino mute (ya es británico, sudafricano y carioca), se convierta en un ser animado y cuente como sometió al hombre.

Puede que se endiose a un tal Fernando Simón, como a uno de los garantes de su victoria definitiva y a Salvador Illa como su adalid icónico. Puede que se vea a Pedro Sánchez, con su postura de guapo, a una de las figuras que cambió el paradigma. Y a tantos otros como la legión entregada que se alistó para cambiar la historia.

Puede que ya no haya hospitales, logística e infraestructuras. La realidad será una distopía aun mayor de la que enfrentamos en el momento actual y nada se rija por los parámetros que alguna vez conocimos. Puede que el virus chino  (británico, sudafricano y carioca) tenga su propio himno y las canciones se canten como salvas en su honor.

Puede que la palabra pandemia se asocie a fiesta, como la de París, y haya un Hemingway futuro que le escriba una novela galardonada con el Nobel y el afortunado entregue su medalla a la Virgen del Cobre. Y puede que haya un aniversario viríco, que sea fiesta, nacional y mundial, en una fecha predicha en el calendario.

¿Les parece surrrealista, histriónico y desfasado? Lo es, pero también que haya unas elecciones en menos de un mes con la que está cayendo; que no se tomen medidas a expensas de un resultado electoral; y que se permita votar a los contagiados en los colegios, con la cantidad de gente que ha muerto sola en la cama de una UCI. Todos repiten que el momento es insólito, pero mucho más insólita es la estupidez humana y nadie dice nada.