Ojalá y no pase


Sanitarios./Foto: Satse coronavirus ojalá
Sanitarios./Foto: Satse
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Sanitario./Foto: LVC

Una reja que parecía casi una celosía. Desde allí, durante dos largos meses, vi pasar mi vida encerrado en la cárcel de mi casa. Fueron días oscuros, en los que la luz de horizonte palidecía cada mañana, como si el sol en la terraza fuese un cuerpo extraño que ya no bañara de oro los días; como si el verde del parque fuera una fotografía arrumbada en un cajón; como si las obras de los bloques de en frente fuesen el aviso monolítico de las moles de hormigón comunista de la Europa del Este.

Después de aquello nada fue igual. Todo ha cambiado por dentro y se ha recompuesto con una sensación impertérrita de asco e indiferencia, ante tanta mentira, tantas libertades sustraídas, tanta indolencia ante las muertes que solo fueron cifras, tanta estrategia política y tanta estulticia de la masa, que se aborregó durante décadas, sin saberlo ni querer apercibirse.

Pero la culpa, ya te lo dije, no la tienes tú, que te han robado la vida a golpe de bicho, que quieres ir a casa de tus padres en Nochebuena, que quieres volver a reír sin miedo, que quieres celebrarlo con los amigos… Ni tampoco la tengo yo, que tengo miedo de todo, que uso el termómetro más que el móvil, que temo dejar solos a los míos en mitad de este panorama desolador, que me lavo las manos para prevenir y limpiar la conciencia de lo no escrito, como una metáfora soez de la cobardía.

La culpa en esto no existe (solo las malas gestiones y la invidencia mental) y si la hay no la van a reconocer jamás. Así se nos plantea un panorama con 17 gobiernos de taifas y uno central que no gobierna, solo recomienda. Y se nos presenta una previsible relajación de las medidas y una probable cuesta de enero en la que paguemos la guinda del pastel de un terrible 2020. Ojalá y me equivoque, ojalá y no pase. Ojalá a mediados de enero no tengamos que llorar el aumento de ingresos, de pacientes en UCI, de fallecimientos. Ojalá, porque el daño será aun mayor y puede que, tarde o temprano, la invidencia mental se convierta en culpa.