La culpa la tienes tú


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Mujer fumando con mascarilla./Foto: LVC
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Mujer fumando con mascarilla./Foto: LVC

He pasado el coronavirus unas 30 veces, desde mediados de febrero. Sí, 30 veces he creído que lo tenía (la aprensión es un grado) y en febrero (tengo testigos) ya daba por hecho que el bicho nos iba a llegar como el bofetón, imprevisto, de tu madre cuando llegabas con dos o tres copas de más la primera vez.

Como les decía, soy aprensivo, timorato, hipocondríaco y más realista que pesimista. Solo en eso último he cambiado desde mi juventud. Antes era optimista y no tenía esa sensación de vacío que me deja lo que observo a mi alrededor. Es punzante mirar alrededor y ver cómo la gente actúa creyéndose inmune e impune ante el bicho y la conciencia social.

Pero ellos no tienen la culpa. Ni tampoco el Gobierno que es el mero reflejo del estofado que es este país. Nos dejamos que, ejecutivo tras ejecutivo, las leyes cuquis nos empobrecieran intelectualmente. Desde las educación a las de género, suspender dejó de ser malo y la violencia es más dolosa, depende de quién la aplique.

Entre tanto, nos fueron incrustando el sentimiento de culpa, como una nueva moral política, que de novedosa nada tenía. Primero fue ZP con aquellos anuncios que animaban a poner el aire acondicionado a 23 grados. Con aquello se pretendía detener el cambio climático, que era culpa de los aparatos de aire de las azoteas cordobesas, sevillanas o toledanas. Nada que ver tenían las fábricas chinas, americanas o rusas. Si usted llegaba de los 44 grados de la calle y le daba por poner el aire a 18 estaba creando un efecto de invernadero que ni el de la atmósfera de Venus.

Luego llegó la crisis de 2008 y aquello de que “vivimos por encima de nuestras posibilidades”, como si las hipotecas se las diera uno a sí mismo por la gracia del banco. Y así un largo etcétera que, con el coronavirus como excusa, ha permitido que se confunda un Estado de Alarma con el de Excepción y su largo etcétera de medidas inusitadas, como encerrarte en tu pueblo, que te puedan multar por saltarte la cuarentena con un agente en la puerta de tu casa, que se plantee ya la posibilidad de que te obliguen a vacunarte, que te conviertan en Francia con los bares cerrados a las seis o a las diez (depende del sitio), que haya un ‘toque de queda’ seis “mesecitos”, que haya algún transporte público en el que se “recomiende” que no hables o que, como ha pasado en tierras “indepes”, entre semana puedas salir a trabajar y el finde en casita confinado.

El relativismo y el nihilismo es lo que tienen, que derivan en la posverdad y todo vale. Quien no haya estudiado Filosofía lo mismo le suena más  a chino que el virus, pero para eso tienen la ‘Ley Celaá’ y no aprenderlo. Y, que nunca olvidea que, aunque te pongas la mascarilla, uses el hidrogel, te laves las manos más que Pilato, estés en casa a las diez, no te pares en un bar, hables con los demás a dos metros, no des un beso ni a tu madre y ni mucho menos un abrazo… la culpa de todo la tienes tú.

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