Negacionistas


negacionistas coronavirus
Pintada./Foto: Miguel Alan CS
negacionistas
Pintada./Foto: Miguel Alan CS

La gente se manifiesta cuando puede. Por las calles de algunas ciudades del mundo. Unos lo hacen contra el racismo, en una oleada de lo neovictoriano, de la sociedad de lo políticamente correcto. Que uno se rebele porque maten a otro por el color de su piel es absolutamente legítimo, que nadie se equivoque. Pero que nadie alce lo más mínimo la voz, cuando se ha asegurado que salir a la calle en masa es más peligroso que una bomba de protones es, cuanto menos, curioso.

Otros han salido por el simple hecho de pedir que no les cercenen de un tajo sus libertades. Esos son unos irresponsables, macarras y negacionistas por definición (como lo deficitario de algunas empresas municipales). Para ellos no hay ni un ápice de comprensión por parte de la maquinaria propagandística de los grandes medios, de los medianos y casi de ningún pequeño. Curioso.

A toda esta “parva” de “descerebrados” que van propagando el virus (los primeros se ve que tienen inmunidad de rebaño) se les califica de negacionistas. Como piensan algunos, el término ha sustituido al antisistema de toda la vida, con sus rastas, sus cigarritos liados y sus pelotitas para hacer malabares. 

Ahora el negacionista abarca eso y a todo el que discute la información oficial. Y esa oficialidad es casi todo lo que se cuenta porque, salvo honrosas excepciones, esta pandemia ha servido para retratarnos a todos en la foto del que transcribe los datos que le dan sin ir más allá, ni cuestionarse -al menos en público- las cifras y el largo etcétera de datos que, en el 90% de las ocasiones (siendo generoso), ni cuadran, ni casan, ni nada que se le parezca.

Unas administraciones lo harán por falta de pericia y quizá las de más arriba vayan buscando el cambio de modelo social, para el que se ha puesto un bozal al ciudadano, llamado mascarilla (la misma que no servía para nada en marzo y abril) y se le ha prohibido besar, abrazar, mantener la distancia y hasta se le obliga a fumar en la soledad de su casa, si es que allí lo dejan, o a dos metros del mundo civilizado.

El otro día me decía un maestro que los niños han pasado de ser supercontagiadores a ser prácticamente inmunes en medio año. Y se preguntaba que si se infectaba en el colegio y se ponía malito con esa cepa más benigna (según dicta ahora la oficialidad), seguro que nadie decía que había sido un niño, sino que seguro habría sido en una reunión familiar, porque ver a la familia es una locura y, quien diga lo contrario qué es, pues un negacionista.