La renuncia

58

renuncia
Entrada del Colegio López Diéguez./Foto: Francisco Patilla
Entrada del Colegio López Diéguez./Foto: Francisco Patilla

La vida era fumar y beber cerveza en un bar del centro. Era un mar de de risas e hilaridad; de vestidos cortos y camisas recién planchadas; de sonrisas blanqueadas y cuerpos cultivados a base de dietas cuasi veganas y gimnasios hasta donde el sudor huele menos.

El mundo era perfecto o así lo creímos. Hasta que llegó la renuncia. Hubo un bicho, que nunca iba a llegar porque era cosa de chinos y eso es un rato en los informativos para tapar un hueco. Pero llegó, nos encerraron y las cifras de contagios y muertes llegaron.

Se comía los sábados con el presidente del Gobierno, se aplaudía en los balcones y no se veía ni un ataúd ni una cama de hospital. Solo datos cifras, sin personas detrás en una imagen. Solo cuando se contagiaba o moría alguien que se salía del guión (esto es, no un anciano) la cosa se ponía más seria.

Luego llegaron las imágenes de las playas y los bares, el ‘desconfinamiento’ y su ‘desescalada’. Los casos bajaron casi a la nada y todos creyeron que el bicho había vuelto a China o al espacio sideral. No fue así.

Entre tanto, no hubo colegio y se dio el mágico ‘aprobado general’. Todo era felicidad, hasta que el bicho volvió y los colegios tenían que abrir sin que nadie tuviera un plan real. Los problemas no se esfuman aunque miremos para otro lado.

Ahora, al margen de lo que pueda pasar, la renuncia ya ha llegado para muchos abuelos que, con un temor fundado, se obligarán a no dar besos y abrazos a sus hijos ni a sus nietos. Los verán de lejos, o en el ordenador o en el móvil. Y esto con la pena de quien renuncia a una obligación sobrevenida.

La soledad está ahí para ellos, para sus hijos y para sus nietos. Porque puedes estar rodeado de gente y sentirte muy solo. Eso ha sido así desde que el hombre es hombre. Una soledad a la que se añade la lotería de coger el bicho y esperar que no te toque el “premio gordo”. Y, entre tanto, nadie pagará por su haraganería, mientras muchos renuncian.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here