Los prestamistas


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Dinero./Foto: LVC
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Dinero./Foto: LVC

Por regla general, la gente suele desconfiar de los prestamistas. No es una profesión de las bien vistas, casi como la de “empresario” para los acólitos del comunismo moderno, que como pastores evangélicos de la América profunda, satanizan con su dedo calvinista a quien genere riqueza, sin distinguir al que trabaja de sol a sol con dos empleados; ni al que emplea a miles de personas y comparte parte de una riqueza que, por cierto, le pertenece.

Pero en esta última semana hemos asistido a un hecho insólito, puesto que los prestamistas, “voluntarios”, son los ayuntamientos que deben entregar sus ahorros al Gobierno de Pedro y Pablo, si es que quieren poder utilizar una mínima parte de ellos, eso sí, al dictado de Pedro y Pablo.

Para los apóstoles del socialcomunismo, ahora el préstamo es bueno, máxime cuando tienen que pagar subsidios por doquier, ya que están convirtiendo la economía española en un PER gigantesco de subvenciones, que vienen a mostrar una incapacidad manifiesta para gobernar. No gestionar, que es el verbo tecnócrata de quienes tienen miedo a hacer política.

En esas, prestamistas improvisados como el Ayuntamiento de Pozoblanco tienen ocho millones de euros que entregar a 15 años de vencimiento. Si no dan su dinero, este se quedará “ocioso”, como señala el socialista Antonio Hurtado. Reconozco que este último vende bien las decisiones de su partido, pero me resisto a no ver esa dicotomía como un chantaje.

La verdad es que no me gustaría verme en el pellejo de estos prestamistas de ocasión, esto es, en el de ningún alcalde del partido que sea. Pero si yo lo fuera, que por suerte nunca lo seré, mi dinero se quedaba en el banco antes que entregar los ahorros de mi pueblo para quedarme con las migajas y gastarlas en lo que me dicten papá Sánchez y papá Iglesias.

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