¿El fin de las bandas?


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Corneta./Foto: LVC
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Corneta./Foto: LVC

A mitad de la década de los ’20 del pasado siglo las cofradías vivían un momento dulce. Farfán revolucionaba la música procesional Lumière habían inmortalizado -años antes- la Semana Santa y todo parecía perfecto. Y, seguramente, casi nadie aventuraba el horizonte negro que se avecinaba.

Pero siempre hay uno de esos que ahora llaman “alarmista”. Probablemente, al que pocos escuchan, porque el análisis crítico de la realidad -ya sea acertado o erróneo- tiene una carga de pensamiento que aturde a la sociedad y no puede soportar. Las zonas de confort son lo que son y salir de ellas es abrir la mirada a un desierto, en la mayor parte de las ocasiones.

Casi un siglo después de aquella época luminosa de Cayetanos, armentas y compañía… las cofradías vivían otro de esos momentos dulces. Probablemente, mucho más banal, desposeído de significado, pero cuantitativo en todos los aspectos. Hasta la política se había adentrado en el hermoso mundo del mayor colectivo de cada localidad andaluza. Cofrades por castigo que estaban en todos los estratos de la sociedad porque son la sociedad misma, su reflejo y su esencia.

Así estaba la situación, todo felicidad, una luna de miel eterna hasta que un bichito la rompió en mil pedazos. Sin procesiones, sin cruces, sin casetas, la ansiada autofinanciación peligra y, en definitiva, el establishment conocido puede que jamás regrese o tarde décadas en hacerlo.

Y lo mismo que a las cofradías se les cae el mundo conocido, pronto sucederá -desgraciadamente- con otros sectores relacionados si la crisis sanitaria no mejora. Y ahí entran, entre otros, las bandas. Sin actuaciones en Semana Santa ni, predeciblemente, en lo que queda de año, 2021 será trascendental.

En el apartado emocional, claro está que cuesta ensayar sin actuaciones en el horizonte. Mientras que en el económico, la regla es contundente, si no entran ingresos llegará un momento en que no se pueda pagar casi nada. Sencillo, certero y muy doloroso puede llegar a ser ver una semana santa de 2021 sin procesiones y sin contratos, que conviertan al verano del año próximo en una suerte de supervivencia para un buen número de bandas. Y es que, salvo las consagradas y las municipales, la mayoría tendría muy cara la viabilidad.

Así que puede que mientras llega la vacuna, el tratamiento el que necesitan muchas formaciones musicales no sea otro que el de actividades alternativas (que deberá organizar quien corresponda) para ayudar a sobrevivir a un colectivo que, pese a ser cultura, no cuenta con el altavoz televisivo de lo pretendidamente progre, sino con cornetas, trompetas, bombardinos, bombos y tambores que se ahogan entre tanto brote.

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