Desinformaciones


confinamiento
Niño pide cera a un nazareno./Foto: Luis A. Navarro

La lectura es importante. Tanto que el fomento de la misma siempre ha sido un quebradero de cabeza para las autoridades educativas. Es difícil que los chicos se pongan una mascarilla en plena pandemia, así que imaginen si les dan una novela de García Márquez, Raymond Chandler o John Dos Passos.

Sin embargo, hay un hilo de esperanza, porque los cofrades leen. Sobre todo, cuando se habla de bandas o de restauraciones que a alguno le costaron el puesto que ostentaba. Leen, no lo bueno, pero sí lo que no les gusta. Y hasta escriben comunicados (que, dicho sea de paso, es un orgullo que respondan a lo que uno escribe) para denunciar lo que ellos consideran “desinformaciones”.

Respecto a las mencionadas “desinformaciones”, ni que decir tiene que las informaciones llegan a uno por fuentes y se contrastan. Y, una vez publicadas, se preguntó a la otra parte que se mostró muy ofendida y respondió a los días con el comunicado. Tal vez pudo ser porque buena parte de la junta de gobierno se le pudo -o no, quién sabe- echar encima por desconocimiento. Lo que está claro es que se preguntó después, porque hace dos años, con la información de la cesión de unas dependencias del convento del Císter conocida por este medio, el responsable de la cofradía no cumplió con su palabra a un compañero y lo publicó en un comunicado oficial (todos tenemos motivos para ofendernos, ¿verdad?).

Desinformar es no contar lo que sucede. Como, por ejemplo, omitir que tras el fallecimiento del fundador de la cofradía, cuya figura tanto se reivindicó, a los pocos meses se quiso cambiar la túnica que el diseñó. Desinformar sería no contar que en cuatro años la hermandad ha cambiado de banda tres veces, con un criterio tan claro, que se pasó del purismo de Esencia al estilo “larrinaguesco” de San Juan Evangelista, para culminar en otra gran banda cuyo estilo nada tiene que ver con las otras dos, que tampoco lo guardan entre sí. Desinformar es no hablar de la falta de costaleros en el palio, antes del coronavirus, cuando eso no pasa en casi ninguna cuadrilla de Córdoba. Y, por ejemplo, desinformar, también sería omitir que a un aspirante a candidato a hermano mayor en las últimas elecciones, se le habría negado la firma del consiliario, que seguramente sus razones tendría.

Desinformar, en cambio, para los cofrades es otra cosa: contar lo bonito y cuando critiques a mi rival darte una palmadita en la espalda en un mensaje de Whatsapp.

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