La foto


Gran Poder.

Cada viernes, como si de un ritual atávico se tratase, me llega la frase y una foto distinta cada semana. Siempre llega temprano, puntual a la cita con el Señor. Unas veces la contemplo de camino al trabajo; otras, en mitad de la faena; las menos, dejo pasar el día -como hoy, cuando escribo- y a primera hora de la tarde me alegro el fin de semana.

En los últimos meses no ha sido distinto. La foto llega cada viernes y, como los de antes del bicho, la observo y me abstraígo en mis cosas, que son nuestras cosas. Recuerdo la frase que dijo Félix Ríos semanas antes del confinamiento, como si fuese una profecía, a sus devotos no les importaría que no hubiese procesión si pueden verlo cada día.

A mí, para que mentirles, me daría igual que no la hubiese (este año no la hubo) mientras pudiera verlo cualquier día. Por eso (y por muchas otras cosas) no me importa demasiado cuándo será el momento en que una cofradía vuelva a salir a la calle. Si es el 15 de agosto, el 7 de septiembre o el 2 de enero me es indistinto. Seguramente iré a verla, con la distancia social ventajosa que da ver los pasos de lejos.

No sé cuando llegará ese momento y no hay que tener prisa porque lo haga y se llenen las calles. Será bonito y, seguramente, emocionante; pero también lo es recibir la foto cada viernes, cada viernes del Señor. La fe está en todas partes.