Sálvese quien pueda

173

Blas.

Ahora las flappers perrean con el reguetón y el derecho al ocio se ha democratizado, aunque lo hay de alto standing para el que pueda permitírselo. Con esta frase podría haber empezado la columna hace dos meses y medio, sin problema. Y, prácticamente, hoy también mientras veo como la manada informe, nada más que ha podido salir a la calle ha tomado los bares con menos dificultad que los tercios españoles hicieron con Breda.

La gente ha hecho uso de su libertad, la misma que ha querido confinar un Gobierno que pacta con quien, otrora, dijo que never, never, never lo haría, emulando a Florentino. Y mientras acordaba un nuevo disparate y propiciaba una nueva crisis interna (que ya ni es crisis ni es nada), de paso le hacía el lío a Ciudadanos, como el pícaro de playa que parece ser el presidente del Gobierno

En esas, el personal toma las playas como si nada hubiera pasado, siguiendo al dedillo el ejemplo que le da su Gobierno; asaltando las terrazas de los bares como si fuera lo único salvable de aquella época en que el virus andaba silenciado. Ya no compran papel higiénico; ya no arrasan los estantes del súper… 

Ahora la mascarilla, esa misma que no servía de nada hace unas semanas, nos protege de todo mal, de todo bicho y el alcohol cura nuestras heridas y las cicatriza como una mercromina que nos evade de la realidad. De momento, muchos miran con deseo la mesa de una terracita a la par que ignoran lo que está pasando más allá de los contagiados. Los infectados, hasta ahora silentes, de una crisis social que -por poner un sencillo ejemplo- en una parroquia de Córdoba donde antes se atendían las necesidades básicas de 20 familias, ahora se atienden las de 240.

La libertad está en poder salir y ejercer los derechos de forma responsable, de eso no cabe duda. Pero para poseerla de verdad hay que tener cubierto lo fundamental. Cada día aumentan las personas que pierden lo básico y, mientras miramos hacia otro lado como si no fuera a atacarnos (igual que hicimos con el virus), somos cómplices -al menos- de quienes pretenden arrebatárnosla a golpe de real decreto, de estados de excepción encubiertos, de tropelías políticas de nivel pro, de convertirnos en un país subvencionado donde la cultura del esfuerzo es lo que se recrimina y penaliza. Sigamos mirando para otro lado, que se salve el que pueda que, como hicimos con el virus, aquí no llegará.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here