Vergüenza

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Salida de los niños a la calle en Villanueva de Córdoba./Foto: Antonio Jesús Dueñas

El niño mira hacia arriba, las nubes casi lo cubren todo. Pero la brisa de la tarde, aunque fresca, le acaricia la cara como un beso certero. Mira la forma de las nubes e imagina que son gigantes, o barquitos sobre la mar. 

La plaza huele bien a tierra, a lluvia, aunque aun le cuesta reconocer esos aromas. Son casi nuevos, porque antes no olía así. De vez en cuando, se gira en busca de su padre. A una distancia prudencial, la mirada fugaz le devuelve la confianza perdida por un instante. camina, arranca a correr, se frena y salta sobre un charco. 

Se ríe, con la misma sonrisa franca que lo hace en casa. Una mueca sincera a sus pocos años de vida. Tal vez se tuerza, tal vez no. No echa de menos regresar a casa, tampoco de más. Todo es un juego que unas veces se practica en el patio del colegio, ahora casi siempre en su cuarto o en la sala de estar. Mira su juguete, un pequeño barquito con el que sueña cruzar los mares y jugar en las vacaciones donde rompen las olas.

Regresa a casa y, por suerte, no se ha acercado a los demás niños, ni a sus padres, ni al un tío de un chico, que ha venido de Cuenca para sacar a su sobrino a la calle. El virus acecha, pero su padre y él, al menos, han puesto las medidas que dictan los sabios. Al niño le daba igual salir a la calle o quedarse en casa, porque en el hogar está feliz con sus padres todo el día. Pero quería salir a ver a sus abuelos, a los que recuerda cada noche, antes de dormirse, haciendo pucheros.

El niño debería tener un gobierno responsable, que ya hubiera hecho los test para saber quién puede y quién no puede salir. El niño debería tener unos vecinos responsables que no salieran a la calle como si fueran de picnic o a una de esas catas de cerveza alemanas. El niño debería vivir, como todos, en un mundo mejor, donde la responsabilidad aligerara el confinamiento y no echara tantas noches de menos a sus abuelos. Los mismos que lloran, cuando cada tarde, terminan la videollamada. El niño es un elevado número de gente de mi país, el mismo que me avergüenza cada día y hace más grande el oprobio de tanta gente.

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