Questa è Roma

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Roma
Foto: BJ
Roma
Foto: BJ

La calle se estrecha. Por su umbría apenas transitamos dos. El ruido de la ciudad ha desaparecido conforme hemos avanzado por los recovecos de la piedra húmeda, que confluye en ventanales con moldura, como en una de esas películas donde persiguen a la pareja de americanos sin que se aperciban.

Los tonos se vuelven más ocres, mientras el paso por un parque deja en evidencia la decadencia. Al final del camino, una calle llena de adornos navideños. Los establecimientos se agolpan y recuerdo Madrid. La tarde cae cuando llegamos a San Giovanni, la majestuosidad de la basílica impacta los sentidos. 

Poco importa que, en el exterior, haya un pequeño destacamento militar. No hay demasiado rigor en los militares. Seguramente, el rostro aturdido de los turistas es la mejor señal para el vigilante. Al salir, la puerta en la muralla es un vomitorio de coches que forman un caótico scalextric. La ciudad parece reposar sobre la piedra de su historia para soportar el frenético presente. 

La mirada se me va por una amplia avenida, casi en penumbras. Durante unos instantes pienso en tantas cosas que se me olvidarán al siguiente segundo. Me giro para tomar una fotografía que inmortalice el momento. Desvío las pupilas hacia los militares y, para mí sorpresa, en apenas nada, lo veo algo natural. Días después, en el avión lo recuerdo y, con el pánico atávico a las alturas, me da para preocuparme por ver normal lo excepcional. Nadie me iba a decir que en una ciudad de China ya estaba lo extraordinario que llegaría, primero, al país que dejaba; luego, al mío; para acabar casi en la puerta de mi casa.

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