Domingo de Pasión

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Domingo de Pasión
Cultos en honor a Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro./Foto: Irene Lucena
Domingo de Pasión
Cultos en honor a Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro./Foto: Irene Lucena

Cuando las puertas del Salvador y Santo Domingo de Silos se abrían, el tiempo pasaba distinto. Al fondo, los lienzos no lo dejaban caer, aguardando -tras el besapiés, en la estación el que desciende la cruz- ser trasladado a la urna, que una vez fue de palosanto y que, en la actualidad guarda las prefiguraciones que hablaron del Mesías en el texto veterotetamentario.

Al fondo, en la memoria de tantos Domingos de Pasión, las hachetas traen la calidez en mitad de la oscuridad, como la caricia tibia al Salvador, que le hacen sus hermanos, mientras es trasladado a su sepulcro áureo de Viernes Santo.

Al fondo, la imagen de Nuestro Señor Jesucristo del Santo Sepulcro guarda las nostalgias de los hermanos que no están; del anuncio de la procesión que este año no vendrá; del recuerdo de otras noches en que la promesa de la Cuaresma se cumplía y anunciaba a los esbeltos nazarenos que habrían de surcar la noche, para rasgarla con el dolor de sus capirotes.

En una capilla estaba Ella, sin pecado concebida. Con dos cirios encendidos, siempre venciendo al pecado. En el lateral, cuando el Señor era depositado en la urna, bajo palio, sus cofrades le cantaban la Salve a la Virgen del Desconsuelo y era, como si la Semana Santa ya hubiese comenzado.

Esta noche, en las naves de la Compañía no se reeditará el ceremonial, pero ellos no estarán solos. Y es que, cada uno de los que de algún modo tuvimos la suerte de ser parte de algo mucho más grande que nosotros, estaremos allí. A la hora y en el momento preciso, en el que los corazones se hacen uno.

No hará falta una fotografía, ni una imagen a través del ordenador. No hará falta otra cosa que la memoria emocional de lo vivido, querido y amado. No hará falta que -en este tiempo extraño en que todos se empecinan en hablar del después, cuando el hoy es aterrador y no debería dar para pensar en cruces y ferias- nadie nos diga que recemos por los que se fueron, por los que vendrán y, sobre todo, por los que padecen el duelo de la enfermedad.

No hará falta decir más que, hoy, es Domingo de Pasión; que el tiempo se está cumpliendo y que, al fondo de la iglesia del Salvador, casi caído, está Él, muriendo y resucitando para salvarnos y ser la guía certera en estos días en que la niebla lo cubre todo con su incertidumbre.

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