El capataz de la Fuensanta


capataz
Luis Miguel Carrión, Curro./Foto: Jesús Caparrós

Unos pensaron que el nombramiento llegaba tarde, pero en definitiva las cosas suceden cuando la Virgen quiere. Y la patrona de la ciudad y de las hermandades cordobesas, Nuestra Señora de la Fuensanta, será dirigida y portada por la cuadrilla de Luis Miguel Carrión, Curro, en el año en que se cumple un cuarto de siglo desde que fue coronada.

Hace 25 años, Curro ya era capataz y comenzaba a florecer el germen de uno de los nombres que han marcado la Semana Santa contemporánea. De su labor ha emanado una forma de llevar los pasos, de portar al Señor y a su bendita madre, como el capataz suele decir. Y, más allá de la cantidad, la calidad ha marcado un camino que ha dejado -y deja- momentos inolvidables cada año. Ello gracias a un arte efímero que gana en profundidad sobre otros, puesto que el elemento sustantivo es la devoción.

Un camino que no ha sido sencillo de recorrer y que encontró dificultades, en forma de incomprensiones que, a día de hoy, no han sido explicadas como se debiera por parte de sus protagonistas. Y es que el capataz que comenzó a arrastrar a una multitud de costaleros en un tiempo donde eso era la excepción y el motivo de fondo para que se criticara hasta la vuelta del pantalón o la camiseta de tirantes del costalero de turno. Aunque parezca impensable en la Era del Reguetón y del costalero que parece salido de un conocido programa de Mediaset, aquello fue otrora objeto de iras y de defensa a ultranza de otro “estilo” que se impostó por cordobés y que era aquel del mármol a mármol, de costales que eran trapos, de ensayos en los templos (porque no se presentaban los suficientes); de días de salida en que los encargados de sacar el paso de turno aparecían de repente sin que el capataz de turno dijese no; de gente que huía de las trabajaderas cuando se había transitado por el sitio bonito…

Aquello no fue una leyenda y muy pocos fueron los capataces que consiguieron superar aquella prueba de fuego de la Córdoba cofrade de entonces, que ahora se idealiza. Curro lo consiguió con matrícula de honor, pese a que arrecian a la lluvia que aún lo hace, mientras a otros se les perdona. Pero de todo se saca una lección y un aprendizaje si estás dispuesto. Él lo hizo y, en poco más de un mes, se pondrá al frente del paso de la patrona con una cuadrilla escogida, que será el reflejo de tres décadas de trabajo y de una forma de entender la vida.

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