El Domingo de Ramos acabó todo


No es una contradicción, por más que pueda parecerlo. El Domingo de Ramos de 2019 acabó todo. No acabó la Semana Santa (que tuvo un paréntesis meteorológico entre Miércoles y Viernes Santo); no acabaron de sonar las agrupaciones (aunque hubo una con más penas que glorias); no acabaron los cortejos nazarenos (ni los crecientes, ni los menguantes); no acabó nada, ni el descenso del Córdoba, por más que lo diga su presidente en la tele.

La culpa de esto último no fue de Walt Disney, que le puso y sentimientos a los animales para que los de algunos partidos parezcan anteponer sus derechos a los de las personas humanas (entiéndase la ironía). La culpa fue de Francisco, que no se fue; la culpa fue de Sandoval; la culpa fue de Curro Torres; la culpa fue de Rafa Navarro; la culpa fue del vestuario podrido, días después de haber logrado la salvación; la culpa fue de los que “pitaron el himno”; la culpa fue de quienes defendieron al presidente a capa y espada (como si de un líder político se tratase), por no dejarle ver la realidad al pobre; la culpa fue de García Amado; la culpa fue de Berges; la culpa fue de quien hizo el calendario y obligó al Córdoba a jugar en Domingo de Ramos y hacer que los jugadores estuviesen pensando en más en escuchar ‘Alma de Dios’ con izquierdos que en ganar al Lugo.

Hay tantos culpables que el pobre presidente del Córdoba se ha quedado solo y ha tenido que empezar de cero. Y es que, como decía el chiste, todos los soldados llevan el paso cambiado menos mi niño.

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