“¡No te vayas costalero!”


“Es lo de siempre. Aquí hasta el más pintado peca por un traje negro y, luego, los malos somos nosotros”. Hace unos días está frase retumbó en mitad de una conversación. Era una charla amena, agradable, de esas en que los cofrades abordamos lo divino y lo humano, a sabiendas de que no vamos a solucionar nada. Una de esas conversaciones que acaban en gintonics, o empiezan con un café y acaban en una cerveza y lo que surja.

O, peor aun -como fue el caso-, no necesitamos ni cerveza. Solo un par de teléfonos móviles, para que mi interlocutor y yo nos pasásemos una hora charlando. Esta vez no era Chechu, pero salió en la conversación. Porque en el repaso de la actualidad del mundo del costal nos hemos pegado algún homenaje con la sinhueso estas semanas.

lunes
Costalero./Foto: Luis A. Navarro

Uno de esos temas candentes salió a la luz y, de ahí, la frase del principio. La historia venía de largo, porque un costalero de esos comprometidos, con afición y maneras pintureras sacó un paso durante más años que las propias trabajaderas de la parihuela. Entonces, un día un amigo lo llamó para sacar a otra cofradía del mismo día, pero no con arpillera y sí con traje. El desenlace ya se lo imaginan, ¿verdad? Se renovó la devoción hacia esa otra cofradía, porque el devoto lo es tanto que le profesa su fe a cualquier imagen.

Ese costalero/auxiliar/contraguía sale en otras hermandades y, en una de ellas, echaron al capataz que tanto quería. Y, entonces, como los móviles para lo que se utilizan es para todo menos para llamar (de ahí que un servidor sea un romántico) comenzó a arengar a los costaleros para que no se fuesen. Todo por amor a la imagen. Pese a que él se hubiese hecho lo propio antes, ya no importaba.

Esta historia no es real. La soñé antes de anoche, después de una copiosa cena (da pesadillas), pero me pareció que puede ser tan verosímil algún lejano día, que he decidido compartirla con ustedes.

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