Capataces que hablan por derecho


Si enero es el mes de las igualás, del reencuentro de los viejos amigos en torno a un oficio cuyo estipendio es el honor de pasear a Dios y a su bendita Madre, del escalofrío en el interior de un templo o en una casa de hermandad, de la llegada del momento esperado, de las ilusiones, de las listas, de los huecos, de los aspirantes a formar parte de grupos humanos que solo se entienden en sí mismos, de las viejas tertulias a la luz de una luna que ya huele a Nissan; también lo ha sido de noticias que, a estas alturas del curso, sorprenden.

Así lo fueron las de las renuncias de varios capataces. Uno de ellos, Enrique Garrido, decidía dar un paso al lado en la hermandad Universitaria, dimitiendo de su responsabilidad al frente de Nuestra Señora de la Presentación. Y lo hacía de una manera poco acostumbrada y, sin embargo, digna de reconocimiento.

Garrido señalaba esta misma semana en los micrófonos de La Voz de las Cofradías en Cope, que “llevábamos unos pocos años hablando con la cofradía, porque si el trabajo del cuerpo de capataces es el mismo en todas las hermandades, el cariño con el que se trata al costalero y el discurso es igual, no sabíamos porque en todas daba resultado y en esta no”. Por lo que el capataz ha desvelado que “nuestra primera intención fue, y además se lo trasladamos a la cofradía, no continuar en la hermandad, porque no le podíamos ofrecer ese servicio”.

No es fácil y no hay costumbre -todo sea dicho- de que un capataz explique sus motivos, más allá de los eternos “motivos personales”. Todo en la vida es personal, en cuanto afecta a las personas. Por obvio y redundante, esta reiteración no deja de repetirse, por más que quien recibe el mensaje intuya, sospeche o sepa que hay otro motivo. Y, en esto, como en tantas otras cosas, Garrido dio un paso al frente y dijo lo que había, sin temor a ser juzgado. Y, si lo es, quien lo haga debería ponerse en el lugar del otro y pensar con sinceridad si procedería igual y sería valiente para contarlo.

El mismo día, otro capataz, Luis Miguel Carrión, confesaba en Sentir Cofrade que la igualá para la salida extraordinaria del Cristo de Gracia  “tuvo mucha mofa. En esta tierra nuestra somos muy dados a hablar de las cosas sin el conocimiento” de estas. Y subrayaba que “aquella igualá se hizo porque este grupo, que forma parte de la cuadrilla del Cristo de Gracia, hizo una obra social con la cuadrilla, que la hermandad llamó kilómetros solidarios. Hicimos mil kilómetros y a este proyecto se unieron miembros de juta de gobierno, hermanos, de la agrupación musical”, recordaba Curro. Este destacaba que “aquello cuajó y se planteó (a cabildo de oficiales) una igualá extraordinaria, en un sitio único”.

Al igual que para explicar los motivos de una dimisión en cofradías hay que tener ciertas dosis de arrojo, para decir que se han reído de ti, también. Máxime cuando la iniciativa tiene un trasfondo espiritual, como la tendrá la peregrinación a las Ermitas que se realizará en próximas fechas.

Y es que, en ocasiones, hablar por derecho o llamar a las cosas por su nombre tiene un desgaste, pero todavía hay quienes agradecemos una dosis de sinceridad en este mundo de lo políticamente correcto. Es cuestión de gustos.

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