¿Por qué no dimitiste, Emilio?


De mayor quiero ser Policía Local o trabajar en Sadeco. Esa frase la podría firmar cualquier chaval de instituto en Córdoba, si hiciera un rápido repaso de la actualidad de la situación de los trabajadores municipales. Si uno es agente o labora en la empresa de limpieza, la sensación que queda es que le irá bien, se atenderán sus reclamaciones (seguramente, legítimas) y tendrá el futuro bastante asegurado.

En eso pensará quien quiera opositar a uno de esos puestos y, de no tener una vocación a prueba de balas, lo de entrar en el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento (SEIS) de Córdoba se lo pensará y mucho. Máxime si ve como un mando, un sargento para ser concretos convoca una rueda de prensa junto a sus compañeros porque lleva más de 24 horas trabajando (29 en el momento de la comparecencia), porque no hay personal.

Porque hay dos parques de bomberos con menos gente en total que cuando había uno. Porque no les entregan la uniformidad. Porque por no tener, ni tienen, servicio de lavandería cuando los residuos que se le adhieren a la ropa son cancerígenos y si te los llevas a casa no los puedes meter con la ropa del resto de tu familia, ahí es nada. Porque como no hay personal, no hay tiempo para la formación y lo de manejar la zodiac, en caso de rescate fluvial, habrá que dejarlo a la intuición, pericia y responsabilidad de unos profesionales que, ante todo, son eso, profesionales que luchan contra los elementos, antes de los rescates o de actuar en un incendio. Porque los camiones se averían y sería más rápido llamar a los mecánicos de una escudería de Fórmula 1. Porque cuando faltan más de medio centenar de plazas, tras meses de movilizaciones convocan una veintena que ya llegarán (el proceso es dilatado) para poner una tirita en una herida a la que hacen falta 30 puntos de sutura.

Comparecencia de los efectivos del Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento de Córdoba./Foto: BJ

Los bomberos han estallado. Y, con sus cascos en la mesa, con los uniformes de algunos con huellas evidentes de las horas de trabajo, han dicho que no pueden seguir así. También lo dijo el concejal en mayo, pero su anuncio fue efímero como el agua de mayo que no cayó en aquella feria en la que los bomberos gritaban, mientras Emilio decía que se iba con el gesto contrariado. No se fue y mientras el chaval de instituto piensa que prefiere prepararse para otra plaza municipal que no sea la del SEIS, a uno le da por pensar que siempre hubo ricos y pobres y que se permite desde el partido que fundara Pablo Iglesias, por esas paradojas que tiene la vida.

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