Cuando Cs abrió las puertas a VOX


Corría el año 2015 y las elecciones al Parlamento de Andalucía abrían la puerta a un cambio histórico en el Gobierno de la Junta. Ciudadanos (Cs) tenía la llave de un nuevo rumbo que podía hacer época. El mismo en el que Podemos no estaba dispuesto a participar, sino poniendo frente (literal) a Susana Díaz a su líderesa, Teresa Rodríguez. No iba a haber acuerdo. Los correligionarios de Miguel Urbán optaron por el frentismo ante el denominado, por muchos, “régimen andaluz”.

En esa ocasión, Izquierda Unida ya no daba para muleta y Cs, que acababa de irrumpir en San Telmo, entregó sus nueve diputados a la causa socialista. El PRI castizo, como lo denominaron en más de una ocasión, conseguía un nuevo aliado y el PSOE mantenía su estatus en la tierra de Blas Infante. El pacto era asimétrico con el que la formación de Albert Rivera mantenía con el PP en el Gobierno de la Comunidad de Madrid, donde tras numerosas exigencias lograron, tiempo después, la dimisión de Cristina Cifuentes. Nada qué ver con lo que sucedía en Sevilla, donde ni las macrocausas judiciales contra dos expresidentes lograron un adiós, de nadie.

Simpatizantes de VOX, celebrando el resultado de las elecciones./Foto: Jesús Caparrós

Así se llegó al verano de 2018, con el estatus consolidado y una repentina desavenencia, que tenía tintes de simulación, tuvo en el desacuerdo con los presupuestos la excusa pintiparada del adelanto electoral. La misma que necesitaba Díaz par cumplir su agenda y salvar a la presidenta andaluza del descalabro que se preveía en Madrid, pese al CIS de Tezanos. Los plazos se cumplieron con la puntualidad de una cofradía de Silencio, pero el descalabro se produjo inexorablemente. De tal forma que las mismas encuestas que auguraban el sorpasso de Cs al PP erraron y tampoco contaron con que el solo diputado de VOX en Almería se convertiría en doce, en una reminiscencia apostólica.

Ahora Cs, tras haberse postulado hasta para dirigir la Junta, se conforma con que Marín sea vicepresidente y no tenga que sentarse con VOX en la misma mesa y compartir mantel. Pero en esa comida los de Abascal, Serrano y Ortega Smith ponen la sal y la pimienta, mientras Casado y García Egea ponen la carne. Faltan el carbón y el mechero para dar tonalidad al asado y está por ver cómo lo harán los de la formación naranja, que tienen al exprimer ministro francés (del Partido Socialista en su día) y candidato a sustituir a Colau en Barcelona, como principal detractor. Pero la puerta ya está abierta y VOX de momento ha llegado para meterse dentro de la casa.

 

 

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