La puerta no tan santa del Córdoba


Sabía que me iba a calentar. Que tarde o temprano me iba a tocar la fibra alguien. Que pasado el efecto efferalgan de los Leoniers, a los que bautizó de forma magistral Antonio Agredano, lo mismo hasta alguien me dejaba pasar una crítica, que no perdonar. Eso ya es harina de otro costal. Pero si les soy sincero poco me importa quién se enfade. Que lo haga quien quiera, pero la ocasión merece, al menos, una opinión.

Para ponernos en situación, el Córdoba -como ya anunció hace unos meses y recordó ayer- va a poner en las puertas del estadio el nombre de algunos de sus mitos. “Una puerta, una leyenda” Una iniciativa que, recordemos, viene del pasado, el mismo en que el presidente se dejaba ver mucho con Rafael Campanero, ahora ya no tanto. En aquel tiempo y en una analogía florentiniana, la idea pareció brillante. Todo era vino y rosas. Qué tiempos. No como los de ahora en que nos quitamos el hambre “a guantás” y parece que no hay ni para pagar en plazo medio millón a Osasuna.

Pero volviendo al asunto, se anuncia a bombo y platillo lo de las puertas. Coincidiendo con el 25 cumpleaños del Arcángel. Sí, sí de un estadio que ayer para algunos debía ser el Maracaná del Guadalquivir, por lo que escribían. El 25 cumpleaños de un estadio que es un fracaso de las distintas administraciones municipales, empezando por las de IU, si se celebra es para protestar y pedir algo bueno. Confundir el amor al Córdoba con un asiento en la grada es, como diría mi querido Jesús con la tipografía y los colores, pegarle una patada al diccionario. Al menos, al de las emociones confundidas (qué título para una peli de Almodóvar).

Pero sigamos. Cuando vi la lista me faltó un nombre (el de Pedro Jiménez Campos) o varios. Y me sobró uno. He de confesarlo. El del actual director deportivo. Para empezar, he de decir que Berges me parece un gran tipo, al que siempre le toca bailar con la más fea en el Córdoba. Pero lo que parece claro que dedicarle una puerta a un empleado del club, muy estético no es. Cordobesista como el que más, como jugador del primer equipo blanquiverde estuvo un par de temporadas, ni una entera de entrenador y, en vista de lo que ha fichado este verano y al ritmo que cambia de fichas el presidente, puede que no pase de esta. Pero estos últimos argumentos son cuestión de gustos, el primero de es el que está feo.

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