Un regreso totalmente inesperado


El Córdoba Club de Fútbol ha viajado atrás en el tiempo. Concretamente, una década. Y no es por el arte de Zemeckis, Spielberg y Michael J. Fox, sino porque el objetivo del equipo vuelve a ser el de no caer en el agujero negro de la Segunda B. Así lo entiende ya el más pintado y, ante el Extremadura se percibió sobre el césped, en el área técnica y la grada. Todos menos, Piovaccari, que cometió una estupidez que le costó la expulsión y casi se paga el peaje de tres puntos y el hundimiento en el último puesto de la tabla, en un momento poco deseable del campeonato.

Los partidos llevan siendo finales desde principios de septiembre y la tensión se apodera del Arcángel en cada encuentro. Tanto que contagia a los rivales, como pasó con las expulsiones del día del Deportivo. Aquella pérdida de papeles, en cambio, no fue nada comparada con la de Juan Sabas, que regaló este sábado una peineta a la afición del Arcángel, como captó la televisión.

La tensión en 12 de 42 partidos es evidente para todos. Y, en el caso del Córdoba, estalló con los dos goles de Jovanovic. El serbio siempre ha tenido trazas de futbolista desequilibrante, aunque solo las saque con cuenta gotas. El equipo (la base de la segunda vuelta del año pasado, principalmente), tiene calidad suficiente para no pasar excesivos apuros al final del campeonato. Máxime viendo a los rivales y cómo los de Sandoval pudieron ganar a Deportivo y a Sporting. Si mantiene la línea de los últimos partidos, la tranquilidad llegará más pronto que tarde.

Una tranquilidad que, para algún aficionado, se torció cuando miró al palco y vio a Andrés Delgado. Su presencia era inesperada, máxime teniendo en cuenta como salió del club, despedido por Jesús León. Pero parece que, tanto en lo deportivo como en lo metafísico, el regreso al futuro, como en la primera película de la saga, es primero una vuelta al pasado.

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