Cuando las llamadas de las bandas te bloquean el móvil


Pasó hace un año; paso hace tres; y pasó hace diez; y está volviendo a reeditarse una situación que, aunque muchos puedan catalogar de delirante, es tan real como latente. Y es que, cuando una hermandad anuncia el final de la etapa de una de sus bandas, si tarda en anunciar la nueva el hermano mayor de turno y el responsable de su junta de gobierno que lleve el asunto están condenados a recibir centenares de mensajes WhatsApp y llamadas de números que no están en la agenda.

bandas

Es la ley de la oferta y la demanda elevada al modo Wall Street. Una forma de proceder que goza de muy buena salud y que casi vuelve loco a algún hermano mayor. Y si no que pregunten en Sevilla por aquel que, parece, casi se deja seducir por la caída de los billetes.

Durante algún tiempo, los capataces se antojaban los únicos culpables del hambre en el mundo. Esto es, de que en algunas cofradías haya más costaleros que nazarenos. Pero, de momento (nunca es bueno dogmatizar en este terreno), el que quiere un martillo no acosa vía WhatsApp, etc. Es un juego más sutil de susurros al oído en la cena de un pregón, o desde un asiento contiguo durante la presentación de una revista. Y no crean todo lo que dicen, a veces es el camino inverso al de las bandas y es el hermano mayor el que ofrece el martillo al capataz. Ya saben, oferta y demanda.

Pero regresando al tema que nos ocupa. En ocasiones, casi siguiendo las reglas de la FIFA, la banda inicia contactos con la hermandad a la que quiere marchar dentro de los seis meses antes de acabar contrato. Luego vienen los líos, los titulares y el culpable no fui yo… Entre tanto, a todos se nos olvida cuál es la figura esencial y, oh sorpresa, no es el solista de turno, sino el nazareno que se pone la túnica y del que todos nos acordamos cuando llega el reparto de papeletas de sitio y nos damos cuenta de que los músicos no visten túnica, sino uniforme.

 

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