Lo peor que le podía pasar a…


Un aficionado se sienta en el tendido, limpia el asiento previamente, coloca la almohadilla, mira el número de la silla y comprueba que se corresponde con el de la entrada, se sienta y espera tranquilo a que comience el festejo. El paseíllo transcurre con la liturgia habitual y los clarines suenan como otras veces. El primer torero hace su faena, con tanta soltura que le dan las dos orejas, mientras desde fuera se escucha un ruido insistente. Son gritos en contra de la corrida. Los profiere un grupo de no más de 20 personas, pero logran meterse en la plaza y, a mitad de faena ante el asombro del público que abarrota los tendidos, asaltan el palco presidencial.

El festejo se suspende y, a partir de ese momento, en la plaza solo se celebran funciones de circo moderno, sin leones ni elefantes. Y sí con malabaristas de semáforo, de grandes rastas y poca habilidad. Los toros no vuelven a esa plaza hasta que, a los dos años, alguien les dice que se tienen que ir. En concreto, la mayoría de los vecinos de esa ciudad.

¿Imposible? ¿Descabellado? ¿Surrealista? Sí, pero a fin de cuentas, la historia se parece mucho a lo que esta pasando en el Congreso de los Diputados esta semana. Con la diferencia de que, en este caso, no son unos animalistas convencidos, sino familias políticas, cada una de su padre y de su madre, que se unen por un objetivo común: alcanzar cómo sea el poder para un pueblo que no les dio su confianza cuando votó. Y, de paso, colocar a unos cuantos, que son muchos años sin gobernar y, ya se sabe, los cortijos dan para mucho. De esto en Andalucía “se sabe tela”.

Pedro Sánchez, junto a los trabajadores de Tanatorios de Córdoba. /Foto: JC

Pase lo que pase, prepárense. Verán como ya los separatistas no son tan malos, como vuelven a estar pendientes de la prima de riesgo, como atacan a todo lo que huele a incienso y como el mesías irredento, que consiguió dos veces seguidas los peores resultados de la historia de su partido, no se va hasta que agote su rato de sillón y gloria. Prepárense que van a interrumpir la corrida y se la van a cambiar por malabares.

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