¡A por ellos!


Hacía una década que el Córdoba no caminaba por el filo del alambre. Diez años de aquel partido en Anoeta y del inolvidable penalti en Alicante, que la justicia -no se sabe si poética- quiso mantener a los blanquiverdes en segunda. El tiempo todo lo borra, incluida la capacidad de sufrimiento, de supervivencia en un medio hostil. Y, durante buena parte de esta temporada, se notó -y de qué manera- que faltaba esa pizca de mala leche. Amén de calidad y fortaleza psicológica.

Tuvieron que llegar León y Oliver, que ya cumplen más de 100 días, para dar la vuelta al calcetín. Todo cambió, pese a la dinámica tan negativa que se arrastraba. Hace tres meses todos nos dábamos por muertos. Y, he de reconocerlo, lo de repetir tantas veces la palabra salvación, me parecía más un mantra o una profecía mesiánica que una realidad tangible. Me equivoqué.

Los jugadores del Córdoba celebran el gol de Narváez al Lorca./Foto: CCF

Quizá, de esto los pata negra saben mucho, no recordé que el Córdoba es un equipo de extremos, de cielo e infierno, averno del que ahora intenta salir -con pasos en falso como el de León-, pero con la misma decisión que en otro tiempo. Ahora, cada partido será una ascua que queme en las manos de la afición, pero también una oportunidad para asistir a una proeza que, de momento, se le reserva al Córdoba. Quién sabe si a principios de junio se tengan los puntos que dan la permanencia y todos tengamos esa sonrisa nerviosa que nos provocaba el equipo de otro tiempo.

Sea como fuere, esos más de 100 días de León han devuelto la ilusión a los aficionados, se han llenado de gestos, de guiños y han dejado a un equipo con alma que -pase lo que pase- ya hizo lo más difícil: hacer creer que sí se puede. En unas horas el Arcángel cantará su himno, como una oración pretérita, y cuando ruede el balón alguien gritará ¡A por ellos! Pase lo que pase el Córdoba volverá a tener a su gente, lo más importante ya se ha ganado.

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