Cofrades renegados, ex cofrades y cofrades que se están quitando


No es como la recordada canción de Extremoduro, pero casi. Haber sido cofrade deja una huella imborrable en el alma y quienes lo dejan lo saben, lo sufren en silencio e intentan borrar todo rastro. De hecho, el ex cofrade es como el que se quitó de fumar, no soporta el humo ajeno. En este caso, el del incienso. Ve a un grupo de acólitos y se pone rojo de ira, huye y cuando se halla a salvo despotrica.

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Misterio de Humildad y Paciencia./Foto: Luis A. Navarro

También los hay que reniegan de su pasado. Es otra consecuencia de dejar el “vicio”. Y qué mejor forma de renegar que defender justo lo contrario a lo que pregonabas o aspirabas a pregonar. Esto también le sucede a algunos cofrades en activo. Una cosa es evolucionar en tu pensamiento/sentimiento, y otra bien distinta es criticar algo tan tangible como la carrera oficial en la Catedral, incluso presentar informes en contra; cuando, años ha, presentaste un proyecto para que las hermandades fueran al templo mayor ¿Increíble? Pues pasa en Córdoba. Es más, esa tipología de la personalidad te lleva a ver -casi en secreto- procesiones de vísperas. Qué cosas. Es como el que, de vez en cuando, le pega un par de caladas al cigarro en el baño.

Finalmente, en el tercer grado de cofrades se encuentra los que se están quitando. A veces les viene el “mono” y recuerdan con nostalgia el tiempo en que defendían en su hermandad acudir a la procesión de la Inmaculada del Sepulcro, blandiendo la espada y el cirio, como en el Silencio de Sevilla, para defender el dogma a capa y, valga la redundancia, a espada. Estos cofrades son los que oyen de lejos un tambor y les entran las ganas. Y, si por casualidad, algo les recuerda al sonido del fleco de bellota ya es que les tiembla el pulso.