El extraño circuito de la carrera oficial


Con la Cuaresma a la vuelta de la esquina, la carrera oficial ha vuelto a la primera plana de la actualidad. Habrá más sillas y más palcos -aunque más pequeños-. Así lo ha explicado el presidente de la Agrupación en una entrevista a diario Córdoba. En principio, todo el mundo gana, pero unos más que otros.

Por ejemplo, quienes se sienten en Torrijos podrán ver el cortejo de más de dos -y de tres -cofradías dos veces. Todas las que no salgan del recorrido común por Cardenal González. Como ocurrió en 2017, quienes regresen por Deanes y alrededores tendrán que volver a pasar por la antedicha calle. Ello gracias a que el itinerario oficial no concluye en la Puerta de Santa Catalina. Un hecho que habilitaría una doble opción-dirección que, a buen seguro, tendría notables beneficios.

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Montaje de la carrera oficial en el entorno de la Catedral./Foto: LVC

A la ya consabida reducción del recorrido (que no es poca, pese a lo que se pueda pensar), hay otra más interesante. Y es que la calle Magistral González Francés quedaría libre de restricciones y, entre otros aspectos, permitiría liberar en cierta medida de aglomeraciones a Cardenal González. Eso y que el personal se entere de una vez por todas de que el acceso al Patio de los Naranjos es libre.

Pero en Córdoba, curiosamente, a veces cuesta tomar la decisión más simple. Será la herencia del barroquismo de Góngora o ganas de ser más empírico que Locke y Hume. Y así, por segundo año, un nutrido grupo de hermandades pasarán dos veces por la puerta del restaurante que alquila sus balcones. Un hecho que, seguramente, será del agrado de Pedro García, puesto que fomenta el turismo (aunque queda por ver si los más de 40 millones de impacto socio-económico concuerdan con su visión del modelo turístico, o quizá prefiere menos ¿Quién sabe?).

El extraño circuito seguirá, con mejoras, pero seguirá. Y uno no puede evitar el recuerdo de otros análogos en torno a las Tendillas, que llegaron a pasar por García Lovera y la puerta del Círculo de la Amistad ¡Qué tiempos!