El respeto como norma

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Con un poco de tristeza comienzo estas líneas sobre el respeto en el mundo del deporte. Y lo hago con este sentimiento porque, de nuevo, el fútbol, deporte en el que centro mi vida personal y laboral, vuelve a sacar a relucir una de las peores caras del ser humano. Es cierto que actitudes de este tipo las encontramos en cualquier modalidad, pero en nuestro país empiezan a ser repetitivas en el deporte rey… y a todos los niveles y edades.

Para ubicarnos, y sin ánimo de echar más leña al fuego, os recuerdo que el pasado fin de semana en las instalaciones de la Asomadilla un árbitro tuvo que expulsar de las mismas a un grupo de aficionados por insultos.

Mi intención no es buscar culpables entre los familiares y amigos que asistían como seguidores de uno y otro equipo. Tampoco juzgar lo que cada club involucrado, o incluso el árbitro, pudo o no pudo hacer o evitar. Para ello, al no ser suficiente escuchar las dos versiones, lo justo sería haber estado presente en tal acto.

Bajo esta premisa, el objetivo no es otro que hacer una crítica de lo grotesco de la situación. Si hace unas semanas comentaba en mi artículo que el deporte es una herramienta capaz de educar en valores personales y deportivos y fomentar aspectos importantes y fundamentales de niños y jóvenes, hoy no tengo más remedio que admitir que esta misma herramienta se convierte en un arma de doble filo si los involucrados en este mundo no sabemos utilizarla bien.

El árbitro del partido, en los últimos minutos del mismo, decidió que una parte del público abandonara las gradas. Los motivos podrían ser varios. En este caso, insultos. En otros, racismo, violencia verbal o física, mofas o incitaciones, etc. Lo cierto es que valores como el respeto, el juego limpio, la aceptación de la derrota y la elegancia en la victoria, la cordialidad e incluso la competitividad bien entendida se fueron al traste en un encuentro de juveniles. Jóvenes de entre 16 y 18 años. Totalmente un disparate.

Los diversos medios de la ciudad dan la noticia con versiones de los implicados, del árbitro, declaraciones de allí presentes… y señalan, que es lo que más preocupa, que la decisión está respaldada por la intensa campaña de las instituciones para erradicar esta lacra.

Aplaudo que las instituciones pongan en marcha estos planes y, por supuesto, la crítica no se dirige en este caso a ellos. La crítica, que también es autocrítica (mentiría si dijera que no he actuado de forma inadecuada frente a algún arbitraje como jugador, espectador o entrenador en algún momento) es hacia todos los que participamos de este mundo: jugadores, entrenadores, delegados, presidentes de clubes, padres, madres, aficionados, etc. ¿Realmente necesitamos una “intensa campaña” de las instituciones para acabar con esto? ¿No somos capaces de controlar, comportarnos y actuar como personas civilizadas en el transcurso de una competición?

La respuesta, con seguridad, es que sí. Y estoy convencido porque de los cientos de partidos que se disputan cada fin de semana en nuestra provincia, la casi totalidad de los mismos ocurre con los lances propios del que juega para ganar, pero una vez que acaba el partido, apretón de manos y hasta el siguiente. Los hechos como el antes tratado son menos numerosos, pero muy llamativos y, por desgracia, quedan más tiempo en la memoria de la gente. Por esto, asevero con firmeza que no necesitamos ninguna norma, regla o campaña para acudir al deporte, especialmente en categorías inferiores, con intenciones positivas, formativas y con respeto. Simplemente, sentido común.

Seguro que el Deportivo Córdoba (equipo en el que jugué varios años) y la Fundación Lucena CF no se caracterizan por esta etiqueta que posiblemente se les haya colgado ahora. Al revés. Seguramente tengan en sus intenciones diarias trabajar no solo para ganar partidos, sino también para enseñar a sus chicos y jóvenes que el deporte es mucho más que eso. Así que, por favor, todos los que estamos los fines de semana dentro de un campo, en la banda o en la grada, vamos a colaborar en que el espectáculo deportivo sea solo eso. No demos titulares negativos a la prensa o televisiones. Mejor es que se hable de nuestros chicos y chicas cuando sean grandes deportistas de nuestro país o, aún más, cuando sean grandes personas en el futuro.

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