Fuensanta que emana juventud


El pasado día 6, nuestra copatrona entraba por tercer año consecutivo en las naves catedralicias, con un cortejo que emanaba una juventud embriagante, que bien podría calmar la sed de nuestros mayores, pues ya no son solo declaraciones de intenciones ni proyectos de futuro, sino que son una nueva savia, generadora de ilusión y que como bien diría más de alguno, ha venido para quedarse y otro día, si es menester, hablaremos sobre las causas de esta incipiente juventud.

Mentiría si dijese que este aluvión de juventud es nuevo, puesto que si así fuera ¿dónde estaban las actuales juntas de gobierno hace 20 ó 30 años? La novedad reside en el peso que han cogido en los últimos años respecto a épocas pasadas, ya no sólo se centran en la organización de sus “pasitos”, sino que van un paso más allá y aúnan fuerzas entre todos para la organización de actos de mayor magnitud y repercusión. Para el que entienda las leyes o intente hacerlo -como un servidor- han pasado de presentar ordenanzas municipales, a plantarse en el mismísimo Congreso presentando un proyecto de ley.

La juventud, con su trabajo, demuestra cada día la intención de aprender y de hacer bien las cosas, una actitud encomiable, que les otorga respeto y admiración desde varios sectores. Pero no todo es perfecto, ni Roma se construyó en un solo día, la experiencia es un grado y celebraciones de este tipo sirven para ello. Y los mayores tienen, bajo mi parecer, la labor más importante en este proceso y no es otra que la formación. Una formación cimentada en valores propios y cristianos, puesto que si no, estaremos perdiendo el trasfondo de nuestras cofradías.

Este trasfondo no es otro que el de hacer hermandad, el de saber por qué una imagen sale a la calle y espero que ningún lector piense que sea por el de ponerse una chaqueta -también aceptamos camisas- y salir en la foto, lo que actualmente se viene llamando “postureo”. No, esto va más allá, Córdoba y sus cofradías tienen un gran activo en sus manos, no lo dejemos escapar o por lo menos, no lo formemos mal.

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